El debate del domingo pasado pudiera resumirse en un ejercicio de tiroteo verbal y diarreico cerebral. Va un análisis de cuatro elementos:

Discurso. Los temas seleccionados por el INE fueron Seguridad y Pobreza, y significaron sólo el inicio de un mensaje por parte de todos los candidatos, quienes al momento de la discusión se perdieron en las alusiones personales, abandonaron el tema toral.

En su primera intervención, “El Bronco” encaró a sus contrincantes sobre seguridad; su propuesta concreta es contratar a los mejores y crear algo parecido al FBI.

Anaya considera que el tema seguirá siendo operado por el Ejército y la Marina y guiado por un cuerpo de inteligencia, tal vez una policía científica.

Meade mencionó que el asunto se soluciona con un código penal único y casi hizo suponer que de nuestra seguridad, él se encargará (¿se acuerdan de ello?).

López Obrador prefiere la vía de la paz, dando perdón a los delincuentes como en Colombia.

Margarita dijo que blindará la protección a las familias, como base de una sociedad y no perdonará a nadie, en lo que eso signifique.

Interacción. Se trató de un juego de cuatro contra uno, el blanco de los ataques era el puntero en las encuestas. “El Bronco” alentaba el discurso a través del señalamiento mímico, luego Margarita tímidamente aparecía para refrendarlo, por su parte Meade retaba a López a que explicara su patrimonio (tres departamentos) y por último Anaya remataba a AMLO por la conducta de sus operadores en el pasado: Bejarano y el tesorero del DF.

En el segundo nivel, el toma y daca entre Anaya y Meade, este último refirió la compra-venta de una bodega; y, por su parte, Anaya señaló una corrupción siete de siete por parte del PRI: Odebrecht, el socavón, la estafa maestra, Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge.

Al final “El Peje” soportó 46 garrotazos de sus contrincantes.

Rostros. Según expertos en imagen, Anaya nos comunica que es un político joven,  su cabello rapado refleja que no desea parecer un candidato común y le otorga una imagen audaz y lo ha demostrado para llegar hasta donde está hoy. Su rostro a menudo muestra una sonrisa controlada y no se nota muy cómodo en las fotos (le falta más naturalidad). Podría mostrar más energía y carisma en su sonrisa. AMLO: lo más notorio es su edad, sin embargo, en esta contienda electoral, le otorga puntos positivos por la experiencia que refleja. Su cabello cano lo refuerza. No se recuerda tan sonriente, era más bien serio y enojón. Para los ciudadanos más jóvenes esta es la imagen inicial con la cual han formado una primera impresión acerca de él. Meade: comunica que es un político de personalidad sencilla, que su trato es amable y cortés. Su cara no muestra malicia; sin embargo, tampoco refleja determinación o valentía para enfrentarse al actual Gobierno, acción que le ayudaría a desmarcarse de la actual administración. Zavala: es común ver en ella su sonrisa, que si bien es natural, parece que su campaña política desea comunicar liderazgo con carisma, pero se le olvida mostrarse inconforme con lo que ella dice no está de acuerdo. “Bronco”: el rostro es osco, no sonríe, emite mensajes de sarcasmo, es directo y sabe plantear sus mensajes de forma coherente; sin embargo, el contenido de los mismos no es entendible por su localismo.

Frases. “¿Andrés, alguien te ha matado un hijo?”, dijo “El Bronco”. “Amnistía no significa impunidad”, dijo AMLO. “Te has convertido en un títere de los criminales”, dijo Meade. “Todos están contra mí echándome montón”, dijo AMLO. “Tenemos que mocharle la mano al que robe”, dijo “El Bronco”. “Siempre me he conducido con honestidad”, dijo Anaya. “Yo voy a defenderte de Trump y de las propuestas de López Obrador”, dijo Margarita.