Diego Lainez ha caído con el pie derecho en España. La actuación de ayer ante el Rennes es la demostración de un futbolista que no desperdicia su talento, que cada minuto lo aprovecha. Momentos como el vivido en el Roazhon Park marcan, porque perder en Europa League 2-0 al minuto 9 como visitante, haría caer al precipicio a cualquier equipo, pero no al Betis.

El técnico bético Quique Setién apostó por Lainez para intentar una remontada que parecía irreal. El mexicano salió del banquillo antes de la primera media hora del partido, ingresó por Junior Firpo y fue una pieza clave para una noche muy apegada a la historia de sufrimiento que suele vivir el Betis. Lainez fue descarado, 10 veces intentó driblar en el mano a mano, con defensores que buscaban pararlo a patadas, hasta que en el último minuto anotó; una dulce y merecida recompensa.

Diego es un niño, no debe correr prisa. Su desarrollo y continuidad es —hasta el momento— los ideales para un refuerzo. El mismo entrenador lo declaró al término del partido dramático: “para eso lo hemos traído”. Pero también este paternal, inteligente estratega mencionó: “Todavía le cuesta ubicarse y tiene cosas que corregir, pero hace cosas interesantes, desequilibra y nos puede dar mucho. El gol fue inesperado. Lo normal era que centrara, pero fue fenomenal”.

La pasión con que pisa el campo y las ganas de destacar deben ser las características eternas de Lainez. El jueves, más allá del medio deportivo, Diego envolvió a aficionados de todas las filosofías y rivalidades en el país. No hay a quien le caiga mal por el hambre de triunfo que tiene, la cual para muchos es un descubrimiento reciente; para los americanistas, no. Así ha sido siempre.

Pero el camino es largo y lo del jueves fue un estupendo cómplice de Setién en mover el balón, sin desesperación y —cuando menos se dio cuenta el Stade Rennais— ya estaba agazapado en su propio campo. Se debió, en buena parte, a la estupenda labor de Giovani Lo Celso, Sergio Canales y el eterno y siempre competitivo Joaquín, pero también a Lainez.

Betis está cerca de clasificar a octavos de la Europa League. En la Copa del Rey está empatado en la semifinal con el Valencia y, aunque tienen que ir a Mestalla con un 2-2, podría ser la sorpresa del torneo. En la Liga está en séptimo lugar, a dos puntos de las competiciones europeas. Es decir, este Betis compite y eso es maravilloso, no sólo para Lainez, también para Andrés Guardado.

No por querer exagerar su nivel debe ser considerado el nuevo nadie. Me explico. No es el nuevo Mbappé, ni el nuevo Messi. Es sólo un futbolista descarado, con hambre y mucho talento, pero el camino es sinuoso, lleno de contratiempos y, pese a lo maravilloso que es verlo jugar en Europa, aún es nadie. Madurez en su entorno ayudará para que sobresalga de entre todos los demás, porque si se la pasan diciéndole todos los que lo rodean que es lo mejor, entonces entrará al riesgo de caer estrepitosamente, como tantos y tantos que tanto prometían.