1.- Coahuila ya eligió y todo indica que ganó Guillermo Anaya con un margen muy pero muy estrecho. El dinosaurio se resiste y hará hasta lo imposible por arrebatar. Se juega la cárcel o la libertad.

2.- Es importante destacar el desplome de la votación para el PRI. Hace seis años Rubén Moreira obtuvo el 61% de la votación. Hoy Riquelme ronda el 38%.

3.- Los números totales de votos del PRI y del PAN bajan drásticamente, en comparación con los alcanzados hace 6 años.

4.- La participación electoral registrada fue moderada, lejana de lo esperado y de lo que se vio en distintas ciudades del Estado. ¿Fraude o realidad?

5.- El Instituto Electoral de Coahuila mostró ser un soberano desastre. Sus titulares son unos incapaces, por dignidad deberían abandonar su cargo.  En el Estado de México se procesó el 100% de su votación en mucho menos tiempo, aunque su padrón es enorme y mayor su complejidad logística.

6.- Independientemente del cochinero que operó el PRI en todo el proceso, sigue siendo muy elevado ese 38%, pues rebasa por mucho su voto duro o comprado. Existe un sector de votantes no comprables, que lo apoya y les dio la victoria. ¿Cómo se explica?

7.- Puede esperarse lo que sea de las comunidades marginadas, donde el PRI amedrenta o compra con éxito. Pero Piedras Negras, Saltillo y Ramos Arizpe no pueden explicarse así. ¿Quién es responsable de esta inercia cómplice? Todos. Sus causantes son múltiples. La responsabilidad es de las cúpulas de los partidos de oposición. Hay mucho de ceguera, comodidad, egoísmo, ambición y soberbia en los aspirantes a cargos electivos en estos municipios.

8.- Además de las tranzas habituales, compra y acarreo de votantes, el PRI recurrió a los golpes, a la intimidación, a las aprehensiones, a las amenazas directas a cargo de la policía estatal y sus testaferros. En resumen, el PRI y el Gobierno de Coahuila operaron una “elección de Estado” encabezada por el autoritario y represor de Rubén Moreira Valdés. Coahuila en manos del “porrismo banquetero”.

9.- Sabemos que el hubiera no existe. Responsabilizar a los candidatos porque no se unieron antes, es un planteamiento falso y hueco que divide al frente opositor que se está constituyendo. Existe un nuevo juego y las reglas cambian. En este momento Armando Guadiana y Javier Guerrero representan la fuerza que legitima el triunfo de Guillermo Anaya, cuando menos hasta que se complete el cómputo al 100%.

10.-  Es evidente que la dispersión del voto opositor nos metió en este entuerto, pero no es para tanto. El voto útil fue muy copioso. Cuando Guerrero no se sumó a Guadiana, buena parte del voto anti PRI y anti PAN, decidió apoyar a Anaya, eso es evidente en los números.

11.- Como diría Manuel Clouthier “Le hemos abierto un hueco al sistema”. Aprovechémoslo, porque de ésta no se recuperan.

12.- Si algo queda claro, es que la formación ciudadana es la tarea mas urgente en esta nueva era. Suplantar a un sistema corrupto por otro, no será la solución. Ganar elecciones comprando votos, como lo hace el PRI, no nos llevará a nada. Hay que hacer bien el bien porque el rol del mal ya está ocupado. 

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