A más de treinta años de modelo de libre mercado y de menor participación del Estado en la dinámica económica, con resultados no tan sólo negativos sino nocivos para el crecimiento y el desarrollo, y posterior al reciente proceso electoral (3,416 cargos electos), corresponde analizar y proponer soluciones que superen el círculo vicioso de la economía.

Por el lado de la demanda, la reforma laboral de 2012-2013 ha reducido el nivel de ingreso agregado y asimismo la demanda agregada, si a esto se añaden las decisiones del gobierno federal de incrementar precios de diésel y gasolinas y la desconfianza desde el inicio de este sexenio que provoca depreciación del tipo de cambio (se situaba en un rango de 12.80 a 13.40 pesos por dólar, hoy se ubica de 19.50 a 20.20), entonces el nivel inflacionario ha afectado la capacidad adquisitiva de sueldos y salarios, por tanto el mercado es débil. 

Por el lado de la oferta, la depreciación ha incrementado los costos de producción e igualmente los precios, así para contener tanto la paridad como la inflación el Banco de México ha influido en la elevación de las tasas de interés al ahorro de 4.0% en enero 2013 a 7.75 en junio de este año, lo que ha incrementado la de por sí escandalosa tasa de interés al crédito, inhibiendo la inversión directa y afectando el crecimiento que este año resultará, otra vez,  en poco más de 2%.

Romper dicho círculo vicioso económico debe iniciar con estrategias fundamentales que impulsen el crecimiento económico y la redistribución de la riqueza. 

Optimización del gasto público, sobre todo en rubros de servicios personales –sueldos y salarios- (1,220.35 mil millones de pesos… –en adelante mmdp-) y gastos de operación (434.4 mmdp), y se incremente el apartado de inversión en infraestructura productiva –energía (urgen refinerías regionales), comunicaciones y transportes, agricultura y turismo, eficiencia gubernamental- (272,56 mmdp). Para que, como efecto multiplicador, la inversión pública genere empleo y establezca condiciones óptimas para la inversión directa que demanda trabajo. 

Política industrial y política agropecuaria –valorando los buenos resultados en regiones y productos en el País- que oriente e impulse la inversión en las distintas regiones del País de acuerdo a su vocación productiva, con desregulación, estímulos fiscales y/o financiamiento público a tasas preferenciales, donde se requiera promover determinada actividad económica, más aún ahora que EU inició la guerra arancelaria.

Reforma fiscal efectiva aumente la base gravable –el número de contribuyentes- sin incrementar las tasas fiscales impositivas, pero que elimine la elusión con deducciones a poderosos grupos corporativos (según el SAT de 2013 a 2017 se devolvió a grandes contribuyentes 1 billón 345 mmdp). Lo anterior sin elevar IVA a medicina y alimentos, ya que dicha medida incrementaría el nivel de pobreza en el País. Es muy necesario renegociar la deuda pública federal que ahora rebasa los 10 billones de pesos, así como las deudas de las entidades que superan los 700 mmdp.

Para elevar el nivel de vida y dinamizar el mercado interno, la demanda generalizada, inclusive por grupos empresariales, es incrementar salarios paulatinamente, con verificación del nivel inflacionario, equilibrando ésta variable con reducciones de gasto público no prioritario. Si se eleva el ingreso agregado paulatinamente pueden elevarse los niveles de ahorro interno y por tanto la colocación en crédito, tendiendo a reducir la tasa de interés al crédito. 

Eventualmente, al incrementarse progresivamente la demanda agregada la inversión directa igualmente con expectativas de ganancia, lo cual implicaría excedentes para reinversión o ahorro para su colocación en crédito, así otra variable más para el crecimiento. 

El argumento para excesivas tasas de interés crediticias es que el marco jurídico incentiva el incumplimiento de compromisos de financiamiento, sin embargo dicho marco ya se ha modificado para más exigencias de pago y dichas tasas no ceden, esto implica la necesidad de un acuerdo político con la banca privada nacional y extranjera, para reducir los costos financieros. 

Finalmente es necesario diversificar el intercambio con mercados extranjeros y aprovechar los 12 acuerdos de libre comercio con que cuenta nuestro país con 46 países, lo cual ya se inició. Asimismo, posicionar ventajas comparativas (sin incluir salarios) en la renegociación del TLC y si éste desaparece negociar en el mismo sentido de manera particular con EU y Canadá.

Lo cierto es que, sin excesos y con tiento, deben operarse estrategias alternativas al modelo neoliberal, para generar crecimiento económico y confianza. Un país no se transforma en seis años, pero erradicando la corrupción ya debe iniciar la reconstrucción.