Señor Slim: tácheme de su lista de apoyos a Enrique Peña Nieto. Ya nos demostró que no tiene la menor idea de cómo negociar frente a Trump, a quien usted alabó.

Donald Trump personifica al diablito de Maxwell. Cuando lo entendamos, en vez de confrontarlo, vamos a querer imitarlo para remediar nuestro problema subyacente: el desgobierno mexicano. Me explico:

En termodinámica, un teórico diablito diminuto abre y cierra una compuerta. Deja pasar únicamente las moléculas de gas con mayor energía de una cámara hermética a otra. Así, milagrosamente logra calentar un lado y dejar helado el otro. En teoría, produce energía de calor ¡¡¡Gratis!!! 

Trump emula al diablito de Maxwell. Levanta el muro entre los dos países y controla la compuerta. Para ayudarse ha contratado a 15 mil agentes extras. Esto ya no es la teoría de Maxwell descartada, sino algo real, real, real. 

Ya decretó Trump: adiós a la contraproducente política de apapachar migrantes llamada “catch and release”, de Barack Obama.  El diablito bloqueará a quienes representen un riesgo o una carga para Estados Unidos. 

Posee la tecnología para “limpiarlo” de inmigrantes delincuentes. El círculo virtuoso se sostiene solo: aportas, te quedas; delinques, te vas. Estados Unidos cada vez se vuelve más atractivo para los cerebros, para los creativos, para los innovadores, para ciudadanos que quieren ser de primera.

Los mexicanos están a años luz de adivinar qué diablos está pasando. Se desahogan insultando a Trump. Y vaya creatividad. Lo llaman loco, terco, recio, burdo, grosero, de todo. Impedidos culturalmente para reconocer que sus habilidades, mañas, trucos y hasta sus tuits están puestos al servicio de su país. Él cumple su obligación, honra su mandato y promesas de campaña. ¿Podremos digerirlo o lo vomitamos de envidia?

Con la venia del señor Slim, seré burdo y directo… como Trump: El muro se hará y su gobierno se resarcirá sin contemplaciones. Trump aplica la segunda ley de la termodinámica: el ordenado se come al desordenado y se queda con su energía. ¿Cómo evitar que nos devore? Tras el anuncio del muro, los congresistas lo ovacionaron en Filadelfia. 

Nuestros despistados comentaristas, la bola de inútiles que pululan en las cabinas de radio y TV, que aseguraban perdería, ahora desbarran celebrando que varios millones de mujeres, con sus “pussy-gorritas” lo tupan de groserías. ¿Alguien cree que lo van a doblegar con insultos? ¡Por favor! Ya juró sobre dos Biblias, y en cuatro días ha hecho más que Obama en ocho años. ¡Peña no sirve, nos urge nuestro propio diablito milagroso en México!

Perdón por la franqueza: El muro es un monumento a nuestra corrupción. Nuestro caro homenaje a los políticos bandidos, a los educadores faltistas, a los sinvergüenzas de Pemex, a los partidos rateros y empresarios abusadores. A todos los que provocaron que millones de compatriotas burlaran las leyes americanas para encontrar trabajo allá. 

Entiendo a los que huyeron. Estaba bien abierta la válvula de escape y migraron para progresar en el país super-energizado. El resto quedamos helados, impedidos para pensar correctamente y paralizados para hacer lo correcto.

El diablito de Maxwell sirvió cien años después para generar la “teoría de información” que ha cambiado al mundo. Trump le apuesta a que puede bajar el costo del gobierno, eliminar la corrupción, el costo de aviones y submarinos, vencer al terrorismo y hacer obsoletos a los políticos de Washington. Tiene razón.

Nosotros, cada mexicano, debemos emular al diablito de Maxwell y cerrar la compuerta al poder a todos los políticos corruptos, a los partidos políticos subsidiados. ¿Apoyar a Peña ciegamente? No, no y no.

Trump no va a cambiar. Sólo podemos cambiar lo que nosotros mismos hacemos. Usar su estrategia aquí en México. Ahora es el momento de decidir si podemos solos o seguimos dependiendo del sistema político más corrupto del planeta que nos tiene hundidos.

javierlivas@prodigy.net.mx
LIBERTAD Y JUSTICIA