Muchas de las discusiones políticas y sociales desde el inicio de este sexenio tienen que ver con los roles y los valores de los chairos contra fifís. El Presidente no se ha cansado de usar estereotipos sobre lo que debe o no hacer la élite, o decir que está bien o mal de las élites sociales y económicas en México. Simplemente las utiliza como enemigos comunes al llamarlos: fifís.

Pero, ¿quién es la élite? Para pertenecer al uno por ciento de los hogares más ricos de este país, se necesita tener ingresos promedio de al menos 872 mil pesos mensuales. Muy pocas personas podrán encontrarse dentro de esa descripción. Sin embargo, considero que los profesionistas, es decir, aquellos que concluimos la universidad con éxito y tenemos ingresos superiores a los que tenían nuestros padres a nuestra edad, experimentamos este fenómeno (cada vez menos común en México) conocido como movilidad social.

En este orden de ideas, justamente esta semana se dio a conocer que la economía mexicana se había desplomado el 18% en el 2do cuatrimestre del año, de acuerdo a cifras preliminares del INEGI, superando a la que se había producido en el 2009 por la pandemia de la influenza AH1N1 y la crisis mundial. En otras palabras, no se ve que el país vaya por buen camino, y la posibilidad de movilidad social de las nuevas generaciones es cada vez más difícil y alejada de la realidad.

Al contrario, esto solo producirá más pobreza, y por ende mayores desigualdades. Los datos son escalofriantes. La CEPAL ya habla de retraso de 20 años en términos de desarrollo social, y se dice que ya hay un millón de personas en situación de calle (nuevos, es decir, hace unos meses tenían empleo, techo y comida)

Un sin números de sociólogos y científicos sociales que desde el siglo XIX han hablado sobre para qué son y/o para qué sirven las élites en las sociedades modernas. No es mi intención hacer un análisis académico de teoría de las élites, pero si reflexionar sobre el papel que juegan hoy en los retos que enfrentamos como país, tanto la élite como las personas que hemos alcanzado la movilidad social. Se dice que los cambios sostenibles en las sociedades contemporáneas solo ocurren cuando las élites se ponen de acuerdo y actúan para el bien común.

La pobreza no terminará con ayudas sociales y remesas, como dice el Presidente. La pobreza solo disminuirá con empleo bien remunerado, oportunidades equitativas para todas y todos, como son la educación, infraestructura en términos de comunicación, energía y tecnología, servicios de salud, servicios sociales de calidad, entre otras.

Estas líneas son un llamado a ser más sensibles y actuar en consecuencia de lo que vivimos hoy. Es un llamado (por no decir grito) de apoyo de hacer, por más mínimo que parezca, lo que está a nuestro alcance: donar medicamentos, comida o ropa, dar empleo a alguien, apoyar con el préstamo de artículos electrónicos para continuar los estudios o trabajar en esta “nueva normalidad”, brindar una beca a alguien que no puede seguir pagando la escuela, dar una consultoría o asesoría gratuita a alguien, haciendo una inversión en un negocio que está por cerrar, apoyar en el cuidado de menores de edad a quien necesita salir a trabajar, darle un componente social a tu negocio, consumir productos locales o a nuestros amigos emprendedores que están apostándole en tiempos de crisis. Las brechas de desigualdad las podemos empezar a romper nosotros.

En otras palabras, no está mal ser fifí, élite, privilegiados o cómo prefieran llamarle. Lo que está mal es ser élite y no ser empático con las problemáticas sociales de nuestros entornos. Lo que está mal es no actuar como Ciudadanos de Tiempo Completo. ¿Qué vas a hacer hoy diferente?

@garciacecy_

ceci.garcia@dcamexico.org