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Seguir "viviendo nuestras vidas como si nada sucediera es un acto de cobardía infinita", dijo Adrián LeBarón sobre la violencia en el país y el asesinato de integrantes de su familia

Parte de la familia LeBarón marchó este domingo junto a otros ciudadanos desde el Ángel de la Independencia hacia el Monumento a la Revolución para exigir al presidente Andrés Manuel López Obrador -que cumple este 1 de diciembre un año de gobierno- seguridad y justicia.

Adrián LeBarón, padre y abuelo de víctimas del ataque del 4 de noviembre en Bavispe, Sonora, pidió no quedarse callados ante la violencia que golpea al país. 

Aquí su discurso completo:

“Mi corazón está lleno de dolor, mi voz tiembla de furia, perdón por venir aquí a decir que hoy no me importa la economía, ni la corrupción, ni el aeropuerto, ni los colores de partidos políticos. Ni las razones que este día nos tienen aventando discursos en dos plazas distintas en esta ciudad capital.

Perdonen que no es mi interés mentarle la madre al presidente, ni a los fifí, ni a los chairos. Perdonen por no haber dejado de creer en todo lo que nos hacen diferentes unos de otros.

Perdonen pero mi corazón está lleno de dolor y extrañamente el día de hoy solo puedo pensar en mi deseo de vivir. Y es que vivimos en un país en que perdemos la vida solo por la más injusta de las razones: por querer vivir.

Por decidir, y eso se los digo en el nombre de Ronitha, mi hija, por decidirme a ser mujer, decidirme a ser novia, decidirme a ser esposa, amante, próspera, luchona, dadora de vida, hija, nieta, por eso me matan.

Por ser estudiante, pobre, marginado, rebelde, deseoso de progreso. por levantar fuerte la voz por la injusticia de la pobreza. Por eso me matan, por decidirme a cruzar por un camino mis hijos, un camino, sí peligroso, porque unos matones decidieron que era su camino, por resistirme a ser una madre esclava del miedo, por eso me matan a mi y a mis bebés.

Vivimos en un país que ha perdido el respeto por la vida, y ha perdido el respeto a la vida, porque ha perdido la capacidad de sentir.

Perdonen si ofendo a alguien pero el día de hoy vengo a gritar con toda la fuerza de mi espíritu porque quiero me escuche el mundo entero. Este es un grito desesperado que busca respuesta a una pregunta: ¿cómo podemos unirnos antes de que nos maten a todos? ¡Por favor!

Si alguien de ustedes tiene la respuesta, alguien en este mundo tiene la respuesta, ¿alguien me puede ayudar? ¿alguien me puede ayudar a detener mi sangre antes de que se salga de mi pecho? ¿puede alguien hacerlo?

Matar a mujeres y niños y bebés es un acto despiadado, es la peor pesadilla para un padre, para una madre, para una familia y para un país.

Pero seguir viviendo nuestras vidas como si nada sucediera es un acto de cobardía infinita.

Cada muerte, lo quieran o no aceptar, es un pedazo de vida que se apaga dentro de ti, dentro de mí, dentro de nosotros. Ese es el dolor, perdonen si los ofendo pero las lágrimas brotan y no las puedo contener, y ahorita ni me salen de tanto que he llorado.

Mi furia es del mismo tamaño que mi deseo de vivir. Yo quiero que todos nosotros sigamos vivos, que no nos maten.

Y voy a caminar por el mundo entero si es necesario, hasta encontrar el conocimiento, las prácticas y los consejos para construir desde mi municipio Galeana, desde mi municipio Bavispe, un ejemplo de pueblo en el que la prioridad número uno sea el respeto a la vida.

Mi hija y mis nietos ahora son estrellas que viven junto a la Luna, es un cielo de miles de estrellas que han dejado de brillar entre nosotros porque nos las han matado. Ellos me guían, ellos nos guían y nos piden, nos exigen que no nos quedemos con los brazos cruzados y la boca abierta babeando como tontos.

Ellos nos guían y nos piden, invito a las buenas conciencias este día, a las más valientes, donde quiera que estén, aquí en México y en el mundo, a esas conciencias a sembrar vida cada día y plantarle cara sin descanso, como lo hace Julián (LeBarón) a cualquier tipo de violencia que se nos presente.

Miren a su alrededor, mírate tú, mirense unos a los otros, por favor, mírense a los ojos, miren con cuidado, respiren profundo y mírense. Yo he recibido mucho, mucho amor viéndole los ojos a todos ustedes y se los agradezco. Ustedes han visto mis ojos llorar.

Todos nosotros somos un tejido hermoso, hermana, hermano, y cada acto de violencia es un agujero que destruye nuestro tejido, poco a poco. Es momento de levantar del piso todas las piezas de dolor que hemos acumulado para construir con ellas un nuevo sol que derrita el miedo que nos tiene paralizados.

Puro pa’delante Julián, puro pa’delante México”.