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El técnico alemán ha ideado un modelo vertiginoso con el extremo senegalés como factótum del ataque y Mohhamed Salah, exromanista, como definidor

Asediado por el Manchester City en el Etihad, con 1-0 en contra y el 2-0 mal anulado por el árbitro, el Liverpool alcanzó el descanso como los náufragos que alcanzan la playa. Una vez en el interior del vestuario, Jürgen Klopp, el chándal arrugado, las gafas grasientas, la barba sin afeitar y los pelos revueltos, reunió a sus jugadores y los fue acariciando uno por uno con su aterciopelada voz de barítono. “El City", dijo, "ha sido el mejor equipo de Europa esta temporada. Así es que si queremos pasar a semifinales debeos estar más compactos y ganar más balones divididos. Y una vez que recuperemos, hay que jugar bien cada pelota. Porque cada pelota que perdamos será muy difícil de recuperar otra vez”.

El Liverpool regresó al campo como un ciclón. Klopp ha dotado al equipo de lo más valioso que puede dar un entrenador a su equipo: un carácter. El quíntuple campeón de la Copa de Europa, el club inglés más laureado en el continente, ha encontrado en el técnico alemán un cauce por el que expresar su fútbol enérgico y sentimental. El viaje lo llevará a Roma en las semifinales, a medirse con la otra sorpresa de la Champions.

El modelo táctico, la elección de los futbolistas, el clima de Anfield, han constituido ingredientes exactamente dispuestos en una mezcla explosiva cuya mecha es la persuasión de Klopp y el genio de Sadio Mané. El senegalés es el verdadero maestro ejecutante del plan. "Sadio es importantísimo para nosotros", lo juzgó el técnico tras la vistoria en Manchester (1-2). "Está en un nivel increíble. Su esfuerzo y su sentiro crítico en defensa y en ataque ha sido ejemplar".

Si Mané es el orgaizador de los ataques, el jugador que gestó cuatro de los cinco tantos de la eliminbatoria con el City, su amigo Mohammed Salah es el hombre del highlight televisivo. El que da el último toque. Fichado a la Roma por unos 40 millones de euros el verano pasado, el egipcio de 25 años regresa a su anterior campo convertido en el elemento más vistoso de una compleja maquinaria trituradora. Un estallido cuantificado en 39 goles en 44 partidos en todos los torneos disputados esta temporada, le han convertido en el jugador de moda en este inicio de primavera. El mercado está atento al ruido. Pero Salah es un derivado. Sus goles son toques de especialista para rematar creaciones previas, generalmente mucho más sofisticadas que la finalización.

Mané y Mohammed Salah serán una auténtica pesadilla para la Roma, que verá a prueba su poderío defensivo. Foto: Especial

El central Virgil van Dijk, comprado hace cuatro meses al Southampton, fue la pieza que puso en marcha el ingenio competitivo de Klopp. Un muy buen central, ni más ni menos, el holandés fue comprado a un precio que superaba el valor del mercado. El Liverpool pagó 79 millones de euros sencillamente porque no tenía un central de primer nivel en su plantilla y porque no había otro central de primer nivel dispuesto a ir al Liverpool. El sobreprecio va camino de la amortización rápida. Gracias a su presencia en el eje de la zaga, el equipo ha logrado estabilizarse para operar en el terreno que más le distingue: los repliegues generando huecos que invitan al rival a avanzar hacia la trampa, los movimientos coordinados para recuperar el balón, y los despliegues vertiginosos con muchos jugadores lanzados al espacio, verdadero dilema para las defensas mejor ordenadas.

El Liverpool representa la depuración más avanzada del viejo fútbol germánico. Sus ejecutantes son Van Dijk, un central poderoso; Robertson y Alexander-Arnold, dos jóvenes laterales incansables; Henderson, Wijnaldun, Can, Chamberlain y Milner repartiéndose tres posiciones en el mediocampo solo aptas para sabuesos y fondistas; y un trío de ataque que funciona como un trío de bailarines. El nueve, Firmino, aguanta la pelota, distrae a los centrales contrarios y genera espacios; el maravilloso Sadio Mané, el extremo izquierda, administra y desequilibra; y Salah, el segunda punta, el que la empuja, aparece en la foto.

“El trabajo que tienen que hacer los extremos es durísimo”, advierte Klopp, para ensalzar la función de Mané y Firmino, que en posición defensiva se ubica como extremo. “Los dos están en un gran momento. Demuestran una gran forma física. Lo que hemos conseguido no habría sido posible si no estamos en el punto más dulce de rendimiento físico”.

El modelo de Klopp demanda un despliegue brutal que solo se insinúa en el cuentakilómetros. Su equipo es el que más metros recorre. El funcionamiento perfecto se refleja en las estadísticas. Ningún equipo de la presente Champions puede presumir de imbatibilidad, a excepción del Liverpool que suma seis victorias, cuatro empates y ninguna derrota; a lo que añade el mejor porcentaje de acierto goleador, con 33 tantos, 3,3 por partido; y el mejor promedio defensivo con solo siete goles encajados.

La Roma, otro equipo en proceso de renovación, le espera para dirimir al finalista.