Si 30 millones de votos y una serie de declaraciones y señales políticas no hundieron la confianza del capital internacional en la economía mexicana luego de los comicios presidenciales hace medio año, no había razones para esperar la aparición de un iceberg financiero capaz de hacer zozobrar a un barco relativamente estable, como México, que navegaba en medio de aguas tranquilas.

Sucedió, no obstante, que la sola expresión de potenciales modificaciones en el sistema financiero del País y a la edificación de obras estratégicas, empezando con el célebre Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), despertaron al proceloso océano económico.

Y aunque hoy por hoy no es inminente ningún tsunami financiero a la vista, sí existen sectores donde se encendieron luces amarillas de alarma conforme se acerca el décimo cuarto relevo institucional consecutivo del Poder Ejecutivo del País.

Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex, recuerda que durante su campaña, el actual Presidente Electo envió un mensaje de certidumbre a los mercados nacionales e internacionales, pero ahora las señales apuntan a otro lado.

Para el sindicato patronal la situación es tan seria que las actividades de AMLO y de otros morenistas tienen implicaciones económicas negativas, “esto significa que el servicio de la deuda externa vaya a ser cada año a un equivalente adicional a prácticamente el costo completo del Tren Maya”, entre 6 mil y 8 mil millones de dólares.

Al respecto, la revista británica The Economist llamó “El efecto AMLO” a la pronunciada caída que, cual ancla de acero, experimentó la Bolsa Mexicana de Valores, a partir de que el político tabasqueño anunció que cancelará el NAIM para cumplir el mandato de la consulta no oficial organizada por Morena.

Pero frenar la edificación del NAIM y al mismo tiempo arrancar la construcción del Tren Maya no fueron los únicos huracanes que azotaron el actual proceso de transición sexenal. La propuesta de de modificar o eliminar las comisiones bancarias que presentaron los legisladores de la bancada morenista causó estragos.

The Economist atribuye a lo anterior la pérdida de valor del Peso, así como el alza de las tasas de interés.

“La volatilidad se asoma”, concluye la publicación, “entre presagios de que se acerca una Presidencia impredecible e intervencionista”.

Confiemos en que eventos como los registrados hasta la fecha no se repitan. El costo lo paga todo el País y hoy, del conjunto de los anuncios que salen de la casa de transición de López Obrador, el pronóstico, con todo y ser reservado, parece más cerca a una tormenta perfecta.