Gobernar implica entender que la realidad no se cambia mediante discursos, sino de acciones en concreto

Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, se convirtió finalmente, el pasado fin de semana, en gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León y lo hizo manteniéndose fiel a su estilo, que él ha caracterizado como uno “políticamente incorrecto”: llegando a caballo a su primer acto formal como titular del Ejecutivo nuevoleonés.

Su ascenso al poder —y de una entidad con la relevancia económica de Nuevo León— constituye, sin duda alguna, un parteaguas en la historia política del País, pues se trata de un arribo que implicó el abandono, por parte de la ciudadanía, de todas las opciones partidistas, el único vehículo a través del cual alguien había llegado a un cargo público en la vecina entidad y en la mayor parte del País.

El estilo del ahora Gobernador constituye también una bocanada de aire fresco en la vida pública, pues nos encontramos ante un protagonista de la actividad gubernamental que no se atiene a las fórmulas clásicas que exigen el protocolo de un cargo de esta envergadura.

¿Es eso bueno o malo? La verdad es que es demasiado pronto para decirlo. Habrá que ver la evolución del Gobierno y, sobre todo, observar la actuación de quienes el Gobernador escoja para integrar su gabinete.

El “estilo bronco” fue sumamente eficaz como estrategia de campaña, eso ya lo hemos visto. Pero gobernar es algo muy distinto a formular promesas, incendiar el ánimo de las multitudes o generar expectativas entre quienes se sientan traicionados por la clase política.

Gobernar implica, en primer lugar, hacerse cargo de la situación actual, independientemente de si esa realidad es responsabilidad propia o ajena, pues es justamente esa realidad la que debe modificarse a partir de establecer un modelo distinto de toma de decisiones.

Implica también entender que la realidad no se modifica a partir de discursos, sino de acciones concretas. Por ello, luego de haber asumido el poder es indispensable abandonar lo más rápido posible la retórica y comenzar a instrumentar proyectos que incidan en la modificación de la realidad.

En este sentido, ¿es bueno o malo que “El Bronco” mantenga su estilo bronco en el ejercicio cotidiano del Gobierno?

En esencia, ni es bueno ni malo per sé, en la medida en la cual el “estilo de gobernar” no esté orientado solamente a convertirse en una coartada o termine llevando al terreno de la anécdota las acciones oficiales realizadas por quien tiene la responsabilidad de transformar en realidades tangibles las esperanzas de miles de electores.

Habrá que brindarle al nuevo Gobernador de Nuevo León el beneficio de la duda y disponernos a observar con atención el ejercicio cotidiano de su actividad pública. Será eso lo que determine si la sociedad mexicana —y no sólo la del vecino Estado— considera la necesidad de llevar el estilo “bronco” a otras áreas del Gobierno.

Discurso de Jaime Rodriguez Calderón