En 1938, Neville Chamberlain era Primer Ministro de la Gran Bretaña, su prioridad: apaciguar a Adolf Hitler que se había apoderado de Alemania tras seducir a los alemanes, hartos de las duras consecuencias de haber perdido la guerra de 1914–1918. Alemania achacaba sus males a otros países y a los judíos. Hitler había consolidado un poder absoluto y buscaba, para empezar, expandirse a Checoslovaquia.

Ante la inminente amenaza, Gran Bretaña tenía que optar entre enfrentar a Hitler con firmeza y prepararse para una guerra inminente, o negociar un acuerdo para evitarla a toda costa, lo que implicaba sacrificar Europa Continental.

Chamberlain optó por la concordia, aceptó el avance de Hitler sobre Checoeslovaquia, a cambio de que garantizara una paz duradera con el Reino Unido. Uno de sus mayores críticos, Winston Churchill, a la sazón de 64 años, elitista, fumador de puros y bebedor de whisky, exigía firmeza frente el tirano y dignidad ante acontecimientos que parecían inevitables.

Chamberlain regresó de Alemania, acuerdo de paz en mano. Inglaterra temía una nueva guerra mundial, aún no sanaban las heridas de la anterior. “La Raposa”, como llamaba a Inglaterra el poeta español León Felipe, había sacrificado a Europa. Hitler primero invadió Checoslovaquia, después Polonia y finalmente estalló la guerra. De poco sirvió el acuerdo de paz, Churchill tenía razón, a los tiranos se les enfrenta con dignidad, no se negocia con ellos.

Todo parece indicar que el espíritu apaciguador de Chamberlain se ha enseñoreado de la residencia oficial de Los Pinos. Poco importan las voces que piden un Gobierno más firme.

Donald Trump ya es Presidente de los Estados Unidos. No matará a millones de seres humanos como aniquilaron Hitler, Mussolini, Stalin, Mao y otros, pero no se puede negar que su poder de seducción es muy similar al de estos tiranos.

No es nada nuevo, los populistas de derecha e izquierda usan los mismos mecanismos. Marean al pueblo, nada es culpa de ellos, todo es culpa de la clase política y del extranjero. Los “buenos” fallan en la misión de hacer bien el bien y ahí es cuando el malévolo, experto en hacer el mal, toma su lugar y actúa, no se detiene, amenaza y cumple sus amenazas.

Trump nos ha insultado y amenazado sin ninguna consideración. Frente a él, México tiene a un gabinete de novatos corruptos que pretenden defender a los mexicanos. Si comparamos el momento actual con un partido de futbol, tenemos al equipo más poderoso del mundo, su jugador estrella no tiene misericordia, nos odia y nos lo hace saber. Nuestro equipo, en cambio, tiene muchos lesionados, le robaron la banca, su jugador estrella está fracturado y el 87 por ciento de la afición lo abuchea y pide su cambio.

Frente a Trump sólo cabe la firmeza de Churchill; evitar lo inevitable es absurdo. Enrique Peña Nieto es un Chamberlain a la mexicana, se desvive por quedar bien con un adversario que no quiere quedar bien con México ni con su Presidente. Se empeña en humillarse esperando un buen trato que nunca llegará. Por fortuna, México es más grande que su Gobierno enano. El fantasma de Chamberlain se ha apoderado del Gobierno Federal, eso ya no preocupa, lo verdaderamente grave es que no se divisa ningún Churchill.

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