Duda. Colocar bebederos para su alimentación provoca controversia, ya que las aves dejan de lado el proceso de polinización que realizan, al chupar el néctar de las plantas. CORTESÍA / ARCHIVO
Son tantas las virtudes que se le atribuyen a este fascinante plumífero, que muchos de ellos terminan como ‘amuleto de la buena suerte’

Los colibríes son sinónimo de movimiento y belleza. Son rápidos, pequeños, escurridizos, valientes y no dudan en defender su territorio de cualquier intruso.

Habitan únicamente en el Continente Americano.

En México existen 57 especies, de las cuales 19 comparten distribución con los Estados Unidos y 5 con Canadá.

Se les conoce además como Chupamirtos, Chuparrosas, Picaflores y dependiendo de la especie a la que se refiera uno, también reciben el nombre de Zumbador, Ninfa, Fandanguero y Zafiro.

Culturalmente hablando, son aves arraigadas a los mexicanos. Los aztecas y los mayas, por ejemplo les conocían como huitzizilín o huitzil y ‘x ts’unu’um’, respectivamente y los purépechas tienen un lugar llamado Tzinzuntzan, lugar de colibríes.

Los antiguos aztecas consideraban, por ejemplo, que las almas de los guerreros muertos, después de acompañar cuatro años al sol en el cielo oriental, se trasmutaban en colibríes y mariposas; de ahí el nombre de Huitizilopochtli o “Colibrí Zurdo”, dios de la guerra y quien guiara a los aztecas a la fundación de Tenochtitlán.

Por su parte, los mayas tienen la leyenda del colibrí, en la que narran que los dioses, cuando crearon todas las cosas de la tierra, a cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo, pero cuando terminaron se dieron cuenta que a nadie le habían encargado llevar los deseos y pensamientos de un lugar a otro, allí surgió el colibrí, cuando de una piedra de jade tallaron una flecha a la cual soplaron y dieron vida al colibrí.

PEQUEÑOS Y GIGANTES

Los colibríes son aves con características sobresalientes, son las más pequeñas. El colibrí zunzuncito, que solo se distribuye en Cuba, tiene apenas unos 2 gramos de peso, lo que lo convierte en el ave más pequeña del mundo. Aunque también pueden ser grandes como el colibrí gigante, que puede llegar a medir hasta 20 cm de largo.

Tienen un vuelo único entre las aves, por ejemplo, son capaces de volar hacia arriba y abajo, adelante y atrás, como si fueran helicópteros.

También sobresalen por poseer un cerebro más grande en comparación con su tamaño; así mismo son dueños de una increíble memoria, lo que les permite recordar por ejemplo, flores o bebederos que habían visitado anteriormente.

Aunque su alimentación es principalmente a base de néctar de las flores, complementan su dieta con pequeños insectos que atrapan al vuelo.

Pueden volar grandes distancias en poco tiempo, como por ejemplo el colibrí garganta rubí, capaz de atravesar el Golfo de México en una sola noche, una distancia aproximada entre 600 y 800 km. O en etapas, como el zumbador canelo que viaja desde Alaska y Canadá hasta México, una distancia de alrededor de 6 mil kilómetros en la que realiza varias paradas para alimentarse y descansar, no obstante no deja de ser increíble su resistencia al viajar tantos kilómetros en un par de meses.

Sus visitas a las flores permiten la polinización, un proceso ecológico bastante importante para reproducción de muchas especies de plantas. Sus picos —tamaño y forma— se han adaptado incluso para polinizar ciertas especies, por lo que dependen de los colibríes para su existencia.

Desafortunadamente, la pérdida del hábitat es una amenaza muy fuerte para la sobrevivencia de los colibríes, así mismo el cambio climático les afecta pues la ausencia de floraciones evita que puedan obtener alimento. Aunado a lo anterior, la falsa creencia de que sirven como atrayentes en el amor, ha hecho que miles de estas aves, terminen en algún amuleto.

CÓMO ALIMENTARLOS

Dentro de las ciudades se han popularizado el uso de bebederos o alimentadores para proveer de alimento a estas aves, no obstante, hay controversia en su uso, pues algunas personas suelen comprar un líquido rojo comercial el cual desafortunadamente los daña.

Se sabe también que en sitios donde hay floración natural, la existencia de bebederos artificiales puede atraer la atención de los colibríes y con ello quizás desdeñar un proceso muy importante, la polinización de las flores.

El Museo de las Aves propone crear jardines con plantas nativas de la región, con las que no solo adornarás tu casa, sino que también ayudaras a los colibríes y a muchos otros polinizadores, además de que no gastarás mucha agua en su cuidado.

Si te decides por colocar un bebedero, entonces te sugerimos no utilizar miel ni tampoco el líquido rojo que venden las tiendas comerciales. En cambio, prepara tu propio néctar con ayuda de azúcar morena y agua limpia, para lo cual deberás usar ¼ cucharada de azúcar moreno, una taza de agua hirviendo y una cuchara. Mezcla con cuidado el agua con el azúcar hasta disolver, deja enfriar y llena el bebedero. Coloca tu bebedero en un lugar sombreado; de lo que se trata es de quwe tengan un alivio al calor.

Es necesario limpiarlos con frecuencia para evitar se fermente el azúcar y se produzcan hongos y bacterias que pueden dañar a los colibríes.