Con el nuevo Presidente de los Estados Unidos, el electo, hay que irse preparando a una sorpresa cada tercer día.

En su cercanía de amigos está buena parte del origen de su gabinete. Amigos por llamarles de alguna manera, ya que para los millonarios todos los que tienen tanto dinero como ellos son sus amigos. No importa que uno haya hecho la fortuna haciendo hamburguesas y otro extrayendo y comerciando petróleo. La mega riqueza es una cultura de la que quienes la tienen se sienten muy identificados.

Donald Trump sigue innovando la política en Estados Unidos. Hasta ahora los funcionarios que ha invitado para formar parte de su equipo de trabajo suman una riqueza en conjunto de 14 mil millones de dólares, según publicaciones especializadas en temas de economía, negocios… y política. Con esto supera por 10 tantos los 250 millones de dólares que alcanzó a sumar el segundo gabinete más acaudalado de la historia norteamericana: el de George W. Bush.

Pero en el caso Trump hay varias joyitas. Propuso para Secretario de Estado, a un hombre cercano a Rusia y a su líder Vladimir Putin, lo cual ha generado una airada reacción de tirios y troyanos en el Congreso norteamericano. Rex Tillerson es el nombre, y viene de ser el mandamás en Exxon Mobile. Imagínese.

También está el dueño de Carls Jr. Que vendiendo hamburguesas, más bien franquicias, se volvió multimillonario. El irá a la Secretaría del Trabajo, se llama Andrew Puzder.

La próxima Secretaria de Educación tiene una fortuna de más de cinco mil millones de dólares, que heredó de su padre. A ver qué dice cuando le informen que no hay gises en las escuelas negras de Lousiana.

El otro súper enemigo del TLC, Wilbur Ross,  tiene más de dos mil 500 millones de dólares. Él va a estar muy seguido en las pantallas de la televisión mexicana cuando se empiecen a discutir las nuevas reglas del comercio bilateral.

Una noticia que sorprendió es que nombro a Rick Perry, Gobernador de Texas, y uno de sus más acérrimos enemigos, como Secretario de Energía. Perry tiene muchos amigos mexicanos, aunque no es precisamente una perita en dulce a  la hora de tratar a los connacionales nuestros en el estado de la estrella solitaria.

Perry es buen amigo del exgobernador coahuilense Enrique Martínez y Martínez, a quien conoció en aquellas famosas reuniones de la Conferencia de Gobernadores Fronterizos México-Estados Unidos. La buena estrella de Martínez parece tener más de siete picos, y sigue generando admiración incluso entre los no afines a su figura política. 

La incorporación de Perry al gabinete Trumpiano  es mucho más que una buena señal. Es quizás el primer signo de que en el nuevo líder norteamericano puede haber un poco de civilidad política, y de tolerancia para quienes no piensan como él.

De cualquier manera el tiempo corre inexorablemente y estamos prácticamente a un mes de la toma de protesta de alguien que hace un año era considerado una broma de mal gusto de la decadente moral de la política norteamericana. No fue así, lamentablemente para nosotros los mexicanos que nos convertimos en una suerte de sparrings durante la campaña presidencial. 

También tiene a millonarios del mundo del béisbol, como uno de los propietarios de los Cachorros de Chicago, Todd Ricketts, quien hoy debe pensar que la buena suerte viene en paquetes grandes, pues apenas ganada la serie mundial se le atravesó una sub secretaria de comercio, despachando casi casi en la Casa Blanca.

Nadie tiene por qué tener prejuicios contra los millonarios. Son gente normal. El problema es su insensibilidad. 

Qué pensaría uno de esos tiburones cuando escuche una de las tantas historias de abusos contra los migrantes mexicanos en algún lugar de Norteamérica. Quizás nada. Quizás ni le dedique tiempo a pensarlo, ni mucho menos a sentirlo.

El mundo debe de estar atento, y saber reaccionar en el primer momento que empiecen a suceder cosas indignas de nuestro tiempo ordenadas desde la oficina oval.

Lo peor que nos puede pasar con Trump es que resulte peor que lo que nos dicen los peores augurios sobre él. Son muchos peores juntos. Eso lo explica todo.