Especial

En 1933, poco después de haber hecho historia con la adaptación a la pantalla grande de la clásica novela del género del terror “Frankenstein”, el director James Whale volvió a repetir la hazaña.

Esto fue con su adaptación de otro clásico del género del terror pero también de la ciencia ficción del escritor inglés H.G Wells “El hombre invisible”, la cual protagonizó el primer actor Claude Reins (“Casablanca”; “Tuyo es mi corazón”) interpretando a un científico que en el proceso de hacerse invisible abre paso también a un instinto de locura y asesinato.

Luego de una popular serie de televisión del mismo título que a mediados de los años 70 tuvo como protagonista al actor David McCallum  finales del siglo XX el cine hollywoodense volvió a retomar la premisa de la historia de Wells tanto en el género de la comedia con “Diario de un hombre invisible” (John Carpenter, 1992) teniendo como protagonista al comediante Chevy Chase como a principios del nuevo milenio en otra variante del tema que en nuestro país se conoció como “El hombre sin sombra” (“Hollow Man”), dirigida por el danés Paul Verhoeven (“Robocop”; “El vengador del futuro”) y con el primer actor Kevin Bacon en el papel estelar.

Justo dos décadas después, y como respuesta según se ha promocionado al movimiento “Me Too”, el director Leigh Whannell (conocido por la regular “La noche del demonio: capítulo 3” pero también por la notable “Upgrade: máquina asesina”, del 2018, y quizás fue por lo original de esta última propuesta fue que consiguió el apoyo del estudio de moda de este género (de “¡Huye!”, de Jordan Peele a la próixma a estrenarse “La isla de la Fantasía”, de Jeff Wadlow) para dar otro giro de tuerca a la historia de “El hombre invisible” ahora con la novia del científico de la historia original siendo la protagonista de la historia … teniendo desde ahí su primer traspié argumental.

“El hombre invisible” versión 2020, nos presenta entonces en su primera secuencia a Cecilia Kass (Elisabeth Moss, de la serie “The Handmaid´s Tale”), una mujer que a todas luces a pesar de vivir rodeada de todo lujo en una mansión frente a una playa de California huye una madrugada de su lecho matrimonial prácticamente nomás con lo que trae puesto por ser víctima de una violencia doméstica que ha llegado al límite. Para su sorpresa, unos días después de esconderse en el hogar de un amigo policía (Aldis Hodge) su cuñado, responsable legal de la fortuna de su marido que se destacaba por ser un genio tecnológico, le informa que su esposo se ha quitado la vida y le ha dejado de herencia todo su patrimonio, pero eso es sólo el inicio de otra forma alterna de violencia que podía llegar a ser letal, o no.

Ya en espacios anteriores hemos mencionado que, sobre todo con versiones modernas de clásicos, uno va a ver las nuevas propuestas para sorprenderse, aunque en ocasiones como esta sea para mal con una historia plagada de hoyos argumentales y situaciones inverosímiles que se acumulan como avalancha en la cual lo que más invisible queda es el transgresor autor de la previa “Upgrade: máquina asesina”.

 

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