Fotos: Cortesía.
El escritor y activista judío argentino indagó en la vida de este filósofo y médico sefardí cuyos aportes pudieron ser mayores de los que se le reconocen y lo llevó al terreno de la literatura en esta novela histórica

Andrés Spokoiny recreó en “El impío” (Grijalbo, 2021) al personaje de Juan de Prado, un médico sefardí que vivió en el siglo 17 y es considerado como el “padre olvidado de la modernidad”, quien más allá de sus aportes llevó una vida que el autor consideró digna de compartir a través de la literatura.

En entrevista con VANGUARDIA, el escritor y activista judío argentino nos contó los detalles que hacen fascinante a esta figura a la que identifica con un pensamiento y personalidad muy adelantados a su tiempo.

 

¿Cómo conociste Juan de Prado y qué te llamó la atención de su personaje?

"El personaje lo encontré en una nota al pie de página. Es un personaje olvidado. Una nota al pie de página en un libro de Karen Armstrong sobre la historia de las religiones. Y me llamó la atención, porque decía que este hombre es muy interesante, es alguien que inicia una revolución filosófica y sabemos muy poco de él.

Una revolución distinta a la que hacen muchos otros, porque él no quiere romper con el pasado, él quiere reformular el pasado. Él no quiere romper con la religión, él quiere reformar la religión, entonces me fascinó la historia.

Empecé a leer sobre su historia y me di cuenta que no solamente en el plano filosófico y religioso este hombre había tenido una influencia enorme, sino que además su vida personal había sido una película de aventuras; escapándose de la Inquisición, una vida picaresca, problemas de mujeres, fue una vida interesantísima. Un personaje además metido en el momento en el cual la modernidad empieza a surgir y en algunos puntos estamos debatiéndonos con el fin de la modernidad".

Tanto al momento de indagar sobre este hombre como en la investigación para el libro ¿qué tantos datos encontraste sobre él?

"Hay muy poca información sobre él. Toda la información que hay es basada en lo que se sabe sobre Spinoza y sobre otros personajes de la misma época. Lo más fascinante de hacer el libro fue hacer una tarea de detective, de tratar de ver qué se sabía de este personaje. Hay un solo escrito sobre él específicamente, pero lo encontré bastante tarde en el proceso.

Era más que nada tratar de recuperar indicios en libros sobre Spinoza, sobre otros personajes de la época y de a poquito tratar de ir reconstruyendo su vida".

 

¿Cómo fue el proceso de creación de tu personaje de Juan de Prado?

"Todos los acontecimientos que se relatan en el libro pasaron, fueron reales. Los básicos elementos de su vida, una vez que logré reconstruir la historia me encontré con la situación de que como escritor de ficción no podía intentar nada que sea más interesante que la vida de él, o sea la realidad superaba la ficción. Entonces decidí simplemente seguir su vida.

Lo que sí hice fue darle color a su personalidad. Porque me pareció que su personalidad tiene algo muy moderno, que es esta cuestión de la búsqueda de saber quién eres en cada momento de tu vida. Es un hombre que se debate entre definir su personalidad, su identidad. Es católico, es judío, es ateo, es filósofo, es español, es holandés, y eso me pareció muy relevante para el ser humano del siglo 21, que es uno que está tratando de definir quién es.

Traté de darle la voz de alguien que duda mucho, que trata de ver la sociedad y su mundo desde afuera y desde adentro al mismo tiempo. Y alguien que no es perfecto, es una persona con muchas pasiones que no lograba controlar, pero básicamente alguien que nunca está conforme con la realidad tal cual es, con lo que lee, con lo que estudia y con lo que cree. El elemento que une la vida de Juan de Prado es la duda.

Eso ahora es común, pero hace 400 años eso te llevaba ante la inquisición. Hoy en día todos dudamos pero en esa época era muy peligroso".

Andrés Spokoiny, autor del libro.

¿Qué opinan las personas que han conocido a este personaje a través de ti y tu labor de rescate sobre el mismo?

Hay como dos reacciones. Entre los historiadores, digamos, hay un debate sobre qué tan importante fue su figura en la revolución Spinozista. O sea no hay que duda que Spinoza cambia al mundo, pero este hombre al ser un investigador de Spinoza hay un debate sobre cuan importante es en la creación de la modernidad filosófica.

Entonces este libro refuerza el campo de los que dicen que es bastante más importante de lo que dicen que se le da crédito. Pero yo creo que la reflexión del libro, la intención, no es por lo que aporta a nivel histórico sino por lo que aporta a nivel personal para el lector, pues se confrontan de alguna manera a los mismos dilemas con los que se confrontó Juan de Prado. Es decir, rescatar la historia de él es de alguna manera tratar de entender nuestra propia historia. Vivimos preguntándonos quiénes somos, tratando de definir la relación entre la religión y la ciencia; son debates muy actuales.

Una de las cosas importantes del libro es que su actividad como médico sucede en épocas de plaga y el libro sale durante una pandemia. Y mucho del debate en torno al valor de la ciencia durante una pandemia se presenta en el libro y entonces vemos cuánto hemos aprendido desde el siglo 17 y cuánto no hemos aprendido, porque seguimos siendo víctimas de los problemas de antes".

 

Además de dar a conocer su historia, ¿qué más quieres compartir con esta novela?

"Hay algo de los conflictos personales de un personaje así que se pueden ahondar mejor en una novela que en un libro de historia. El siglo 17 era un momento de cambio radical para el ser humano y para el mundo. Entonces ver lo que le pasa a la gente con esos cambios es lo más rico.

Una cosa interesante en el libro es que me parece que la idea del personaje de mi libro, Juan de Prado, es un extranjero permanente. Él vive en una sociedad española como un extranjero, no forma realmente parte. Vive entre los filósofos pero no es un filósofo, es un extranjero ahí también. Vive entre los judíos y es un extranjero ahí también porque descree de muchas cosas. Vive en los Países Bajos pero se siente español. Ese desarraigo, esa dualidad permanente, es para mí una de las partes más importantes del libro. Y otra vez, es algo con lo que nos identificamos todos, hoy en día todos vivimos con un cierto nivel de desarraigo, de no saber a dónde pertenecer, de no saber de qué o de quién somos parte".