Un ducto de gasolina es agujerado en la comunidad campesino rural de Tlahuelilpan, Hidalgo. El chorro de hidrocarburo baña niños, jóvenes y adultos. Ellos gritan alborozados mientras recogen el combustible con cacerolas, botellas, tinas y bidones.

Es el carnaval del huachicol donde el estado de derecho desaparece (como si hubiera existido alguna vez) para dar lugar a una rapiña salvaje por la gente más pobre, la más jodida, la más hambreada, la más olvidada por la historia y la sociedad.

La cual se abroga el derecho de robar gasolina como el político de alto nivel, el funcionario y el trabajador sindicalizado de Pemex, el militar, el líder de la banda de huachicoleo, el capo del crimen organizado y el dueño de la gasolinera que compra el hidrocarburo robado.

En su euforia, chapotean en el arroyo del combustible. Cuando de repente ¡kabooom!, una chispa transforma ese carnaval huachicolero en cuadro apocalíptico. Niños, jóvenes y adultos encendidos como antorchas; corren y gritan, mientras sus cuerpos se achicharran hasta calcinarse.

Mientras esto sucede, Andrés Manuel sigue perdido en el laberinto construido por su impericia (y la de sus asesores) para acabar, con sentido estratégico y preciso, a la industria del huachicoleo que entre 2009 y 2018 representó una pérdida económica para Pemex por 247 mil 68 millones de pesos.

En su laberíntico caminar, AMLO enfrenta el crecimiento de las altas expectativas del 60-70 por ciento de la población que apoya su cruzada contra el huachicol y que lo interroga así: ¿encarcelará a políticos, funcionarios y trabajadores sindicalizados de Pemex, militares y dueños de gasolineras involucrados? ¿Desactivará las bandas huachicoleras? ¿Eliminará el control de los cárteles del crimen organizado en el tema? ¿Normalizará el abasto de gasolina en el corto plazo? Y la más importante: ¿saldrá vivo –dada la débil seguridad que lo protege– de cualquier atentado en su contra por los beneficiarios de esta industria millonaria?

Ese es el laberinto de AMLO. ¿Tendrá salida? Por el bien de todos, esperemos que sí.

@Canekvin