256 partidos de temporada regular planeó la NFL y todos se llevaron a cabo. AP
A pesar de los peores pronósticos, la mejor liga de fútbol americano decidió llevar a cabo su temporada y enfrentar a la peor emergencia sanitaria del país en un siglo, al final salió vencedor

El quarterback de los Chiefs de Kansas City, Patrick Mahomes, sometió a su barbero a una prueba de COVID-19 para cerciorarse de un corte seguro. Luego, se refugió en el juego de cartas “Uno”, como forma de entretenimiento nocturno.

El ex quarterback de los Lions de Detroit, Matthew Stafford, pasó una semana aislado en un hotel, transportado por avión privado a Minneapolis, e inició un juego sin una sola repetición en una práctica.

Michael Dunn, un liniero ofensivo de los Browns de Cleveland, se preparó para un juego de playoffs realizando ejercicios en el estacionamiento de un edificio de departamentos. Su novia le ayudó, llamando señales falsas.

Así fue. Los Broncos de Denver convirtieron a un receptor abierto de escuadra de prácticas a quarterback titular con un día de aviso. El quarterback de los Jets, Sam Darnold, metió a su familia extendida en los protocolos de la NFL para poder visitarlos en Navidad. Los grupos de coaches alrededor de la liga planearon los juegos de modo virtual por meses, incluso cuando estaban sentados en oficinas contiguas en las instalaciones de los equipos. E incluso, dos entrenadores observaron partidos desde casa, mientras que coaches interinos se ocuparon del timón.

Jugadores de la NFL y empleados pusieron sus vidas de cabeza para poder celebrar la temporada del 2020, la cual concluyó el 7 de febrero con el Super Bowl LV. Ellos reprogramaron sus antiguos hábitos de futbol americano, suspendieron su sentido de igualdad competitiva, y aceptaron con brazos abiertos una versión turbocargada de los esfuerzos de mitigación de COVID-19 que el resto del país había sido indicado sugerir.

Los resultados fueron mejores de lo que pudiera imaginarse. Cuando los veteranos reportaron al campamento de entrenamiento el 28 de julio, los casos positivos en los Estados Unidos ya habían alcanzado los 4.3 millones en los más de cuatro meses desde que la epidemia cambió el modo de vida del país, y más de 140 mil personas habían muerto por el virus. A nivel nacional, los casos ya han superado los 27 millones. Muchos cuestionaron la viabilidad de llevar a cabo una temporada completa, y esas preocupaciones solamente crecieron cuando un brote golpeó a los Titans de Tennessee en la Semana 4. Pero, al final, la NFL solamente pospuso cinco de sus 256 partidos de temporada regular, permitiendo a los brotes correr su curso, y movió otros 10 juegos para acomodarlos, pero no se canceló un solo encuentro. ¿Cómo lo hizo la liga?

Respaldada por una inversión que fuentes dijeron excedió más de 100 millones de dólares, la NFL y NFL Players Association construyeron un sistema de control de infección tan robusto que presentaron múltiples publicaciones científicas para recomendar aplicaciones fuera del futbol americano, incluyendo uno que fue publicado en mes pasado por los Centers for Disease Control and Prevention (CDC).

La positividad general a lo largo de la liga fue de apenas 0.076 por ciento desde el 1 de agosto —726 infecciones entre las 959,860 pruebas en un promedio de unos 7,500 empleados por semana— fue mucho menor al promedio nacional de 6.8 por ciento a lo largo de un periodo similar, según datos compilados por el proyecto de rastreo de The Atlantic. Incluso, mientras los Estados Unidos sufrieron su peor crisis de salud pública en un siglo, hubo reportes públicos de solamente tres empleados de la NFL hospitalizados: un coach, un jugador, un réferi. “Nuestras instalaciones de NFL y de equipo fueron algunos de los ambientes más seguros posibles en esas comunidades respectivas a lo largo de la temporada”, dijo en entrevista con ESPN el Dr. Allen Sills, jefe médico de la NFL.

El esfuerzo fue cansado, pero podría tener que ser repetido, al menos de manera modificada, la temporada entrante, dependiendo de la aplicación de vacunas en el país y el rastreo del virus en los siguientes meses. De cualquier modo, la pandemia empujó a una liga que típicamente se mueve lento, a una era de innovación que tendrá impacto por varios años a futuro.

“Se requirió un esfuerzo concertado por parte de todos de estar bien con que las cosas se hicieran de modo diferente”, dijo el presidente de la NFLPA y centro de los Browns, JC Tretter. “Superar el hecho de que había que hacer las cosas de modo diferente y luego hacerlas del modo correcto. Y, como sabemos con el COVID, si hubiera incluso una posibilidad de que alguien no se adhiriera a ello, nos iba a costar”.

La historia de la NFL hizo que la decisión inicial de jugar en medio de la pandemia luciera “sospechosa” para algunos en la comunidad de la salud pública, de acuerdo a Eric S. Rubenstein, profesor asistente de epidemiología en la Boston University School of Public Health. “Pero, al final”, sostuvo, “la falta de comorbilidad seria y enfermedad es evidencia de que lo que realizaron funcionó para las personas de quienes se preocuparon”.