Vito Alessio Robles, joven. / Foto: Especial
El Centro Cultural Vito Alessio Robles cumple mañana dos décadas de labor ininterrumpida. Y puedo asegurar que ninguna otra institución cultural en Coahuila ha sabido manejarse con la persistencia, la calidad y la diversidad de su oferta cultural.

Un intelectual valiente

Dentro de todos los atributos y perfiles desarrollados por Vito Alessio Robles (1879-1957), ingeniero, político, militar, periodista, académico, historiador  y divulgador, suele dejarse de lado su persistente defensa de la independencia intelectual y su lucha por la democracia. Postura que asume su clímax hacia el final del periodo de Calles, cuando como dirigente del Partido Antirreeleccionista, y ante el asesinato de los generales Serrano y Gómez -en abierto desafío al régimen- ofreció su domicilio para velar los restos de éste último (Serrano había sido asesinado junto a sus seguidores semanas antes, en la célebre Matanza de Huitzilac, el 3 de octubre de 1927). Según testimonios de la época, el saltillense estuvo a punto de ser asesinado también, pero aquel gobierno proto priísta sólo atinó a encerrarlo durante un tiempo, antes de su largo exilio en Estados Unidos (se dice también que aquí pesó la intercesión de su hermano Miguel Alessio Robles, quien había sido ministro de Obregón).

La diversidad en sus eventos. / Fotos: Especial.

La tradición humanista

Quiero pensar que este carácter ecléctico, multifacético, profundamente humanista y plural del intelectual Alessio Robles es el que anima el quehacer de un Centro Cultural que desde sus inicios ha abierto sus espacios a manifestaciones de diversa índole. Salvando las habituales coyunturas sexenales, mismas que hacen trastabillar la continuidad de los programas culturales de otras instituciones, el CECUVAR se ha mantenido fiel a su origen, con una gestión irreprochable encabezada por el Licenciado Javier Villarreal, quien supo rodearse de un equipo más que solvente en sus perfiles, capacidades y encomiendas.
Entre sus innumerables valores, el edificio del Centro, aunque pareciera enfocado a ser un sitio dedicado al estudio de la historia, diverge en su riqueza: acoge el mural más grande realizado por una mujer en nuestro país, realizado por Elena Huerta, quien tuvo como ayudantes a grandes artistas de la ciudad como lo son la maestra Mercedes Murguía y el maestro Cuauhtémoc González. El CECUVAR asimismo acoge un verdadero tesoro bibliográfico: una docena de fondos donde destacan dos: la biblioteca personal de Vito Alessio Robles, y la de don Óscar Dávila, uno de los verdaderos impulsores de la cultura en Coahuila en la segunda mitad del siglo XX. Cabe decir que entre ambos suman más de dos decenas de miles de volúmenes que suman y resumen más de dos siglos de la cultura en nuestro país: uno de los acervos de este tipo más ricos del norte de México.

La Galería. / Foto: Especial.

La apertura, la calidez

Y por si todo lo anterior fuera poco, el Vito ha abierto sus espacios a manifestaciones de toda índole: por ejemplo, en el campo de la historia, ha dado foro igual lo mismo a visiones tan irreconciliables como la de los villistas y los carrancistas. En las artes visuales, exposiciones de plástica de artistas de talla internacional y principiantes locales –me cuento entre ellos– muestras provenientes de museos nacionales e internacionales, muestras fotográficas, acervos documentales, encuentros de archivonomía e historia, bazares de arte, coloquios, festivales de blues, congresos, publicaciones, preseas, conferencias, conciertos, domingos culturales, homenajes, documentales, cursos, presentaciones de libros y un saldo brutal, apabullante: en veinte años, 300 mil visitantes y la realización de 700 eventos. Sí: 700 eventos.
Pero más allá de lo cuantitativo, está la cualidad: a diferencia de otros sitios dedicados a la cultura (la abandonada galería de la SEC, Casa Purcell) el Centro Cultural Vito Alessio es un espacio de una calidez insospechada: desde que uno atraviesa su umbral, desde el primer saludo de sus guías o la consulta de su acervo, es un espacio que uno siempre siente como propio. Uno no se siente extraño.
El CECUVAR es uno de los pocos espacios de cultura que en nuestra capital siguen y se sienten vivos.
Felicidades por este esfuerzo y sus frutos. Que sumen muchos más.

 

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