¿Cuantas guerras, guerrillas y hasta Guerras Mundiales ha padecido la humanidad a lo largo de su historia? Desde la de Caín y Abel, hasta el presente del Estado mexicano que mantiene una guerra contra el crimen organizado. Durante todos los siglos, en todas las regiones, territorios, ciudades, barrios y familias. 

La guerra ha sido una noche permanente en todos los días del hombre a lo largo de los siglos. Pero desde el pasado jueves el Papa Francisco peregrina por Colombia para celebrar la paz. Ayer reunió a un millón 200 mil colombianos que festejaban el final de esa pesadilla de violencia que los mantuvo aterrorizados y amenazados constantemente. 

Hay algo muy histórico de la humanidad que el Papa viene a consolidar. No es solamente un evento de armisticio, es un cambio de paradigma que se ha gestado en la humanidad desde hace décadas, es la denuncia de que la guerra no es el camino de la paz, sino que la paz “es el camino y no solamente la meta”. Como lo dijo Gandhi e iluminó a la civilización moderna. Con ello la desvió del camino de la guerra que solamente lleva al desfiladero. Martin Luther King eligió esta nueva forma de conseguir la paz de los afroamericanos en EU y promulgó la nueva estrategia de la no-violencia como el camino para conseguir los derechos humanos y la paz.

Hoy las armas son bombas atómicas y todo mundo sabe (incluyendo Trump) que cualquier país que las use para ganar una guerra, se suicida junto con todo el mundo. Parece que está descartada la estrategia de la violencia. Sin embargo, en la solución de los conflictos humanos la estrategia del poder sigue siendo la primera opción. El poderoso que tiene armas, dinero o los recursos que necesitan sus adversarios, no duda en usarlos contra  ellos. De esa manera la cultura del poder explotador sustituye a la cultura de la no-violencia y de la paz, que se norma por la justicia social, la solidaridad humana, la recta razón y el amor humano auténtico.

La paz es una meta muy frágil que dura corto tiempo. Hay que mantenerla. La de la II Guerra Mundial duró hasta que apareció la de Corea y luego la de Vietnam. Y así ha sido de frágil hasta las que hoy padecemos con terroristas y narcotraficantes. La paz solamente ha sido concebida como un suéter que hay que disfrutar y no como un bienestar que hay que tejer todos los días mediante la no-violencia, la comprensión hacia el otro y el esfuerzo especial de la reconciliación.
Este es el camino que hay que recorrer para construir una paz firme y verdadera. Nuestra patria se beneficiará realmente si inicia este camino y lo convierte en primera opción para resolver los conflictos políticos, económicos, familiares, educativos y sociales. Lo que ha enfermado a nuestra sociedad es el uso de la violencia para construir la paz y el bienestar. Esa es la cultura que nos han heredado y que seguimos a ciegas sin ver los precipicios en que caemos todos los días. Las miserias que padecemos son nuestro resultado de la violencia que ejecutamos cada día. Ya llegó el tiempo de cambiar al camino inteligente de la reconciliación nacional y… familiar.