En los últimos años, el PAN estuvo marcado por factores que tuvieron las consecuencias que se vieron desde que inició el año electoral, con el desastre de los resultados electorales del 1 de julio.

Primero, un silencio cómplice que permitió la exclusión de las opiniones y sirvió como tapadera a la corrupción y al abuso. El partido terminó atrapado en una cobardía generalizada, que nada dijo frente a la humillación, la exclusión, la corrupción y hasta la equivocación. Hoy se oyó una voz de un dirigente que dijo que no estaba de acuerdo con las decisiones tomadas, pero que no lo quería decir por temor, ahora imagínense a un militante común.

Segundo, la anulación de la vida democrática interna. La imposición de una alianza que quitó identidad y anuló las condiciones democráticas, sin discutir proyecto político alguno. Lo más importante para la dirigencia fue dominar el padrón del partido, para tener control sobre estructuras. Esto deshumanizó la militancia, la puso al servicio de los caciques regionales y de la dirigencia en turno, y se olvidó a la política como instrumento del Bien Común. La decisión cupular desplazó a la participación y si alguien se retiraba o era excluido, no importaba porque "entre menos seamos, más nos toca".

Tercero, el PAN le dio la espalda a su propia historia, a su identidad doctrinaria y democrática y a sus principios. La dirigencia quiso reescribir la historia del partido. Y comenzó por destruir la imagen y el legado de los gobiernos federales y locales. La primera generación de gobernadores del PAN es extraordinaria. Hay cientos de alcaldes que han sido –y son– servidores públicos ejemplares. Y los dos gobiernos federales del PAN le dieron muchas cosas positivas a México. Un partido que denigra su propio legado como gobierno no puede convencer a la ciudadanía de que es la mejor opción para gobernar.

Hoy, el PAN necesita renovarse con urgencia, porque corremos el enorme riesgo de volver a caer en un régimen de partido autoritario y hegemónico. El PAN debe cambiar. Pero antes, debe dar señales de querer. Esas señales podrían comenzar con:

1.- Solidez doctrinaria y reforma estatutaria. Debe volver a poner en el centro su doctrina y su identidad democrática. Se tienen que reabrir los espacios de deliberación y debate abierto de ideas. El PAN debe volver a ser ejemplo de libertades para sus militantes. Debe vivir en la práctica diaria los valores democráticos y de gobierno que se proponen. No puede criticarse el autoritarismo, el verticalismo y el dogmatismo de otros, si en la propia casa se viven esos problemas.

2.- Reconciliación. Primero con los ciudadanos, a quienes ni siquiera les abren las puertas para que se puedan afiliar. Segundo, reconciliación con la historia de lucha democrática del PAN, con el ideario humanista y con la historia de gobiernos que han buscado construir el Bien Común. Y reconciliación interna, incluyendo con quienes fueron excluidos y marginados. El PAN debe reconciliarse con el principio fundamental del ideario humanista: la dignidad de la persona. Advierto que es cierto que para reconciliarse debe desterrar “la aspereza, la ira, la indignación, los insultos, la maledicencia…".

3.- Honestidad. El mensaje de los votantes contra la corrupción fue claro y fuerte. El PAN no puede tolerar moches, ni fraudes, ni comisiones de tapaderas, ni informes opacos. Nadie pide personas sin errores, pero lo que se ha vivido es una descomposición propiciada por el silencio. La ética -y no la aritmética- debe ser la base de las decisiones y los dirigentes han de ser personas honestas y congruentes, intachables, que cuiden la organización y no sus intereses y sus candidaturas. 

El PAN debe cambiar, lo sabemos, pero primero tiene que dar señales claras de que quiere cambiar, no puede tomar atajos estatutarios o intelectuales. De lo contrario se quedará como un árbol seco que no dará ni sombra ni frutos. Lo puede hacer. Falta ver si lo quiere hacer. De cualquier manera, todos los ciudadanos estamos llamados a crear nuevos espacios públicos para trabajar por nuestro México y defender la libertad.