Después de días de especulación, que iban desde descaradas fake news hasta teorías plausibles causadas por un vacío informativo inexplicable, reapareció el presidente López Obrador. El Presidente nos ha acostumbrado a que él sea el dueño absoluto del micrófono y, más ahora por el motivo de su ausencia y después de una pausa tan prolongada para sus estándares, es inevitable que se analicen cuidadosamente sus palabras, movimientos y señales. Habrá quienes vean todo mal, los “adversarios”, y quienes vean todo bien, “las focas aplaudidoras” y “los reyes de la maroma”. En la parte alta del cuarto inning del sexenio, me siento todavía capaz de cantar los strikes y las bolas, para hablar en términos beisboleros, en lo que se refiere a AMLO y la 4T. Comparto mi opinión sobre el video de este viernes.

Es muy positivo ver al Presidente con buena salud y que cierre la puerta a rumores fatalistas malintencionados provocados en parte por un estilo de comunicación parecido a la Cuba de Fidel. El video está producido de una forma en la que se captura al Presidente moviéndose por Palacio Nacional, en una sola toma y con un semblante relajado y hasta amigable (más sonrisas, menos gestos duros). Llama la atención, positivamente, que haya agradecido las muestras de apoyo de “sus adversarios”, tal vez esta enfermedad permita cambiar el tono del discurso y reducir la polarización. También me pareció bien la velocidad con la que habló. Pocas pausas y sin atorarse; tal vez debería procurar esto en sus mañaneras, aumentaría su audiencia. Y sí, como bien dijo el Presidente, se mostró acicalado; se arregló y peinó, aclarando que se quitó su ropa de enfermo en recuperación (¿tal vez unos pants Adidas al estilo Fidel?).

Inmediatamente hizo referencia a la pandemia como el tema más importante y, tristemente, se mostró terco una vez más (señal de buena salud, pero nada para celebrar) reafirmando que continuará con la misma estrategia. No percibe que la estrategia ha resultado en una pandemia fuera de control, con plazos y números “aceptables” que han sido rebasados una y otra vez, con una campaña de vacunación que no despega y cuyas cifras y resultados al momento (con todo y las múltiples fotos de funcionarios con aviones “cargados” de vacunas) harían que en cualquier país de media tabla hubiera cambios drásticos en estrategia y en el equipo encargado. Muchos pensábamos que ver la enfermedad en cuerpo propio pudiera despertar un cambio de enfoque en el Presidente, parece que eso no pasará. Él afirma que su estrategia ha sido que no falten camas, ni médicos, ni enfermeras (sic), ni equipo, ni medicamentos; cierra diciendo que “las circunstancias no nos han rebasado” y que se ha atendido a todos. Parece que no le informan o no quiere ver la realidad. No es secreto que no se puede atender a todos; los números están en su peor nivel a un año de los primeros casos. Las “circunstancias” nos rebasaron hace mucho, no aceptarlo y no ajustar debería considerarse criminal.

Claramente el plan de vacunación está atorado, entre otras cosas porque las farmacéuticas no se dan abasto en la producción y dan prioridad a aquellos países que levantaron la mano y pusieron órdenes primero. No es claro qué sí hizo y qué no hizo el gobierno mexicano respecto a negociaciones con los proveedores de vacunas, ya que esa información es reservada y secreta. Por lo pronto, se han aplicado menos de 700 mil dosis, los reportes del Dr. Gatell están llenos de inconsistencias (cerca de una tercera parte del acumulado desde el 13 de enero –150 mil dosis– es de vacunas que no fueron incluidas en los reportes diarios) y en los últimos tres días (miércoles, jueves y viernes de esta semana) se aplicó un promedio de 3 mil dosis cada día. Se habló de 10 mil cuadrillas de vacunación; hay quien habla de mil; en cualquiera de los casos, no es razonable pensar que cada cuadrilla aplique tres vacunas por día, considerando que hay entre 100 mil y 250 mil dosis (dependiendo cuál reporte del Dr. Gatell es correcto) guardadas. Habló el Presidente de que en febrero llegarán 6 millones de dosis y 12 millones más en marzo. Eso parecen buenas noticias; sin embargo, desde el 13 de enero que empezó la “fase masiva” de vacunación, el récord de dosis diarias aplicadas es de 95 mil (reportadas, pero 140 mil contadas en el acumulado), lo que nos dice que a ese ritmo, que es 30 a 40 veces mayor al de estos días, nos llevaría entre 43 y 63 días aplicar las de febrero (que tiene 28 días) y unos 86 a 126 días aplicar los 6 millones de marzo. Ojalá nos sorprendan.

Cierra el Presidente su mensaje con una más de sus “homilías” que buscan minimizar lo duro de los datos para enfocarnos en algo que no se puede medir objetivamente: fe, esperanza, fraternidad, humanismo y cómo lo que cuenta “no es tanto el crecimiento o bienes materiales”, sino “el bienestar del alma” y que todos vivamos felices. Si hoy no puedes ir a misa, te recomiendo el video de 13 minutos del Presidente, tal vez cuente igual.