La visión terrorífica sobre la administración Trump ha empezado a cambiar una vez que las principales “amenazas” de su campaña anti-mexicana, y en general, se han venido estrellando con pared.

El muro está francamente entrampado. La situación presupuestal de los Estados Unidos no da para ampliar sustancialmente los fondos militares, contratar más agentes de seguridad interna y migración, y al mismo tiempo construir un muro en la frontera con México. No tienen con qué hacerlo.

A parte ya quedó de manifiesto que no tiene el respaldo total de su partido en el Congreso. Fueron los propios republicanos los que le impidieron la semana antepasada poner fin al sistema de salud creado por su antecesor, Barack Obama, y que precisamente es conocido como Obamacare. Sistema que entre otras cosas agilizaba el acceso a servicios de salud para ciertos grupos vulnerables. Entre ellos, los migrantes.

Para acabar de completar el cuadro negativo, los sectores productivos, e incluso los financieros, ya han dado muestras claras de que no están de acuerdo en modificar sustancialmente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que une a Estados Unidos con Canadá y México.

Su política antiinmigrante también ha sido frenada por los alcaldes de muchas ciudades importantes, por los cuatro puntos cardinales del país de las barras y las estrellas, que se niegan a entregar a los migrantes que hayan cometido una falta menor para que sean deportados por agentes federales.

Todo esto nos demuestra el complejo sistema de contrapesos, institucional y político que existe en los Estados Unidos. Una cosa fueron las habladas de campaña, o del período de transición y otras muy diferentes las acciones de gobierno, acotadas por el cruce de cables de todos los colores y voltajes, que en muchos casos producen cortos circuitos entre lo que piensa y desea el ocupante de la oficina oval de la Casa Blanca y entre lo que se puede concretar en los hechos.

Mientras tanto en México lo que si percibimos como una amenaza más realizable en el corto plazo son las redadas y deportaciones masivas,  que en escalas todavía muy menores ya se están dando, y que paulatinamente se irán haciendo sentir. Sin embargo aún hay esperanza de que el sofisticado aparato de impartición de justicia de los norteamericanos termine por hacer más laboriosa para Trump y los suyos la tarea de deportar mexicanos a nuestro territorio.

En uno de los aspectos más positivos que ha resultado de todo este entorno tenemos la sostenida recuperación de la paridad cambiaria peso dólar en las últimas semanas. Que obedece a la lectura puntual de los inversionistas, y también de los especuladores, acerca de los futuros de la situación macroeconómica de México.

La realidad es que no nos ha ido tan mal como lo llegamos a pensar en un primer momento, cuando parecía que la debacle nacional era inminente.
También se debe señalar que la administración Peña Nieto ha venido avanzando en mejorar el manejo de las fichas.

Como alguien mencionó hace unos días en una mesa de análisis político, en la televisión nacional, Luis Videgaray ha cumplido lo que dijo, y ya está aprendiendo a hacer diplomacia desde la cancillería, donde su talento y buenos oficios, han sabido utilizar sus privilegiados contactos en el equipo de Trump. Para seguir conteniendo los embates del rubio magnate, hoy Presidente de la nación más poderosa del mundo.   

No olvidemos tampoco que los precios del petróleo se van estabilizando, aunque con muy leve tendencia a la alza. No omitamos también que poco a poco va avanzando la implementación de la reforma energética, y que en 2018 ya tendremos en ejecución los primeros grandes proyectos de exploración y extracción de crudo, bajo las nuevas modalidades de asociación y coparticipación pública y privada.

Veamos también como muchas empresas norteamericanas se han empezado a liberar de la cruzada trumpista que les coaccionaba para no invertir en México. Veamos el caso de la firma que está cerrando en Indianápolis una planta de tres mil empleos que muy probablemente aterrice en Monterrey.

La primavera mexicana ha arrancado con señales muy positivas en varios rubros. Por ahora no hay ningún desastre como resultado concreto del efecto Trump. Los siguientes tres meses serán decisivos para consolidar esta tendencia. Ya lo veremos.