Por: NADAL SUAU

Delirio es una novela pequeña. Esa es su voluntad. Se parece al ejercicio de estilo de un director de cine: dos personajes en un coche, y a sostener la tensión durante más de doscientas páginas.

Él está convencido de que su esposa lleva diez años viéndose cada día con un amante; ella, que es su cuñada, lo escucha asombrada, sintiéndose turbiamente aludida, mientras conduce un Volvo que los lleva hasta la esposa. Es de noche, y el paisaje es Israel (incluyendo un control militar en la carretera). Nuestro hombre ha imaginado cada detalle de los encuentros furtivos con una precisión asombrosa, enfermiza: la ropa, su caída, los rituales sexuales, etc. Lo imagina todo con pasión.

Lo imagina, con las armas de un escritor. En Escribir en la oscuridad, Grossman defendía que en una narración cada detalle es esencial para lograr la verosimilitud. 

Hay elementos diminutos que parecen gratuitos: ejemplo, un pedal añadido a la máquina de coser porque la protagonista es bajita. Pero si no los introduce, el creador deja un pequeño espacio, y si acumula demasiados como ese, se acaba creando “en el corazón del lector una
molesta sensación de vacío, una vaga sospecha de negligencia por parte del escritor
”. Les aseguro que este no es negligente en absoluto: ¡con qué minuciosidad recrea lo que le hiere!

DELIRIO

AUTOR: DAVID GROSSMAN

ED. LUMEN BARCELONA 2011;230 PP