El 18 de septiembre pasado se cumplieron 50 años de la muerte de León Felipe, el poeta de barro, y como decía Luis Rius “León Felipe no es un hombre de voluntad sino de destino”. El poeta estuvo en Torreón en 1949 y, aunque vivió por breve tiempo en la ciudad, ayudó a la formación de varios poetas de la entidad como: Salvador Vizcaíno, Pablo Moreno, Enrique Mesta, Rafael del Río, Juan Antonio Díaz, Joaquín Sánchez, Ángel Casan, Emilio Herrera y José León Robles de la Torre.

La Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), en reconocimiento a la aportación de León Felipe a las letras coahuilenses y al país, rindió un homenaje, develando un busto del poeta, que fue elaborado por el reconocido escultor poblano Ernesto Tamariz, que durante los últimos años estuvo en la Facultad de Contaduría y Administración de la UAdeC. Como parte de este reconocimiento, a la Infoteca, de la Ciudad Universitaria de Torreón, se le puso el nombre de León Felipe

En el marco del 50 aniversario luctuoso del poeta León Felipe, la UAdeC recordó su vida y su obra, como una forma de acercar su memoria a la comunidad universitaria y revalorizar su trabajo. Felipe Camino Galicia de la Rosa, mejor conocido como León Felipe, nació en 1884 en la localidad de Tábara, España, que se encuentra en la comunidad de Castilla y León, y murió el 18 de septiembre de 1968 en la Ciudad de México, después de haber vivido por 30 años en el País. Se trata de uno de los poetas españoles más importantes. Es representante de los creadores exiliados tras la Guerra Civil que se avecindaron en México. Sus versos poseen un talante crítico y de lucha contra las injusticias sociales.

Fue hijo de un notario, pasó su infancia en Sequeros, en la provincia de Salamanca, y en 1893 se trasladó con su familia a Santander. Tras estudiar en Madrid, obtuvo el título de Licenciado en Farmacobiología. Ejerció dicha profesión en varias ciudades al tiempo que trabajaba como actor para una compañía de teatro itinerante.

En 1922 viajó a México, donde desempeñó labores de bibliotecario en Veracruz, antes de ser agregado cultural de la embajada española y profesor de literatura en diversas universidades de nuestro País y de los Estados Unidos. Al estallar la Guerra Civil española en 1936 y encontrándose en Panamá, regresó a España para apoyar la causa republicana, sin embargo, ante la derrota de la causa, en 1938, se exilió definitivamente en México, donde vivió hasta su muerte.

Su obra poética comenzó con “Versos y Oraciones del Caminante”, publicada en 1920, cuya sencillez, temática y estilística distanció al autor de las corrientes posmodernistas del momento y lo dotó de un estilo propio. La experiencia de la guerra civil y el exilio posterior configuraron una voz poética combativa y rebelde. Sus composiciones de gran fuerza lírica y hondo contenido social, rememoran el drama de la guerra, la derrota y el destierro, al tiempo que reflejan la condición humana con apasionado idealismo.

La mejor manera de reconocer el trabajo de un poeta es recordando su obra, es por ello que transcribo un pequeño fragmento de una poesía suya llamada Escuela, que a la letra reza lo siguiente: “Llegué a México / montado en la cola de la Revolución. / Corría el año 23... / Aquí planté mi choza, / aquí he vivido muchos años, / aquí he vivido, / he llorado, / he gritado, / he protestado / y me he llenado de asombro. / He presenciado monstruosidades y milagros: / aquí estaba cuando mataron a Trotsky / y cuando asesinaron a Villa, / cuando fusilaron a 40 generales juntos... / y aquí he visto a un indito, / a todo México arrodillado llorando ante una flor.

“He acompañado a la muerte muchas veces: / la vi a la cabecera de mi madre, / de mi compañera, / de amigos innumerables. / He sufrido y sufro el destierro... / Y soy hermano de todos los desterrados del mundo. / Me gusta haber llegado a la vejez / siendo un gran violinista... un “Virtuoso”. / Pero... con esta definición / que oí cierta vez en un lugar... / no sé cuál: / ‘Sólo el Virtuoso puede ver un día la cara de Dios’”.

Los invito a que se acerquen a la obra de León Felipe, y así rememorar y difundir el legado de este gran escritor que vivió en nuestra entidad. Mi agradecimiento al escultor Jorge González que restauró el busto del poeta.

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