El debate sobre la independencia de Cataluña está lejos de ser un tema sencillo, ya que las dos posiciones dominantes tienen parte de razón, en primera instancia el Gobierno español tiene razón al afirmar que a España y Cataluña les va ir mejor si se mantienen unidas, pero se equivocan al pensar que esa unión se puede mantener a la fuerza, poniendo sólo como argumento la Ley vigente e impidiendo por cualquier medio que el tema se debata a fondo y que los catalanes puedan decidir su futuro en un proceso democrático y vinculante.

No hay duda de que si Cataluña se separara de España los más perjudicados serían ellos, porque la propia Comisión Europea decidió hace años que si una región se separa de un país los tratados que los vinculan a la Unión Europea ya no aplicarían en dicho territorio, por ende, en el preciso momento en que adquirieran su independencia dejarían la Unión y sólo podría volver a la misma a través de voto unánime de todos los integrantes.

Pero es casi imposible que Cataluña obtenga una votación unánime. Para empezar, España se opondría a manera de represalia y seguramente también lo harían otros países que tienen problemas reivindicaciones independentistas, como es el caso de Bélgica, Austria e Italia.

También debemos tomar en cuenta que el principal destino de los productos de Cataluña es la propia España, dicho de otra manera, la mayor parte de su riqueza depende de una relación comercial que se pondría en peligro con la independencia. Además, el resto de sus clientes principales se encuentran en Europa, con los cuales comercia a tasas preferenciales que perdería con la independencia. Dicho de otra manera, no hay forma posible en la que la independencia no tenga un impacto negativo en la economía de Cataluña, al menos en el corto plazo. 

Sin embargo, aunque la independencia no sea la decisión más inteligente para Cataluña, lo peor que puede hacer el Gobierno español es cerrarse a la discusión y utilizar la violencia para eliminar cualquier protesta en dicha región, ya que lo único que están propiciando es que el sentimiento nacionalista crezca e incitar brotes de violencia de la ciudadanía hacía el Gobierno, como se han visto en otros momentos en regiones como el País Vasco o Irlanda del Norte.

El dialogo y la democracia son las únicas herramientas que tienen España y Cataluña para resolver de fondo el problema que hoy enfrentan. Si los bandos endurecen sus posiciones la polarización crecerá y el riesgo de violencia incrementará. En cambio, si se plantea un gran debate nacional que se estructure en varios meses, se pueden analizar a fondo no sólo los pros y contras de la independencia, sino también la forma en la que se puede cambiar la dinámica de los Gobiernos autonómicos con el Gobierno central, para darle más recursos y capacidades a los mismos. Y una vez que haya concluido este debate nacional, se debe permitir a los catalanes voten en un ejercicio vinculante y respetar la decisión tomada, ya que de otra forma sólo se agravará el problema. 

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