Con la iglesia hemos dado

Don Quijote, acompañado de su escudero Sancho Panza, llega a la aldea del Toboso, donde reside Dulcinea, con el propósito de solicitar a ésta su bendición y buena licencia para sus aventuras.

Les alcanza la noche sin encontrar el pretendido palacio que habita Dulcinea, no obstante que Sancho estuvo antes en él –lo cual no fue cierto- para hacer entrega de la carta que don Quijote envió a su dama.

En esas andan, cuando el caballero dice a su escudero: “yo veo poco, o aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe hacer el palacio de Dulcinea”.

“- Pues guíe vuestra merced –respondió Sancho-: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día”

“Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: CON LA IGLESIA HEMOS DADO, Sancho”

Sin saber explicar nadie cómo ni porqué, la frase “con la iglesia hemos dado” se ha popularizado como “con la iglesia hemos topado”. La sustitución de una sola palabra, “topado” por “dado”, le ha impreso al dicho un significado diferente, pues se interpreta como enfrentarse a la Iglesia, que se supone poderosa, o en general a una autoridad, al tratar de realizar alguna acción o proyecto.

La Real Academia Española considera que la frase “con la iglesia hemos topado” se ha proverbializado “de forma totalmente extraña al contexto del Quijote”, ya que ha de leerse como: “Hemos encontrado la iglesia”, nada más. (Edición conmemorativa del IV centenario de El Quijote, 2005).

Creí oportuno recordar este dicho original de Cervantes, en su versión correcta: “Con la Iglesia hemos dado, Sancho”, hoy, por ser el mero día de San Juan.

Cabe recordar hoy también lo escrito por Cervantes, donde relata que don Quijote, Sancho Panza y Roque Guinart “con otros seis escuderos” por fin estuvieron cerca de Barcelona, a donde “llegaron a su playa la víspera de San Juan por la noche” (II, 61).

@jagarciavilla