Han pasado 13 años desde que denostó la belleza de la mujer mexicana y el mundo no es ya el mismo

Trece años han pasado de aquel agravio que manchó los tricolores blasones, mancilló los venerados pendones y maculó los patrios calzones de la Nación Azteca.

Son 13 años de una afrenta que no se ha lavado, por la que nadie se ha disculpado y por la que nuestro Gobierno jamás ha lanzado admonición alguna a aquel que osó injuriar lo mejor y más querido de esta tierra que, confiada y cándidamente, le abrió las puertas de par en par al “masiosare” –extraño enemigo– que terminaría apuñalándonos por la espalda.

Ya que estamos en la era del reboot y la secuela, pero sobre todo y principalmente del live action remake, pues qué sorpresa podría causarnos que un viejo enemigo del pasado reapareciera en los titulares noticiosos.

Tiziano Ferro, aquel crooner italiano de ingrata memoria para nuestro pueblo, irrumpió en las redes sociales y medios masivos para compartirnos su dicha o, quizás, para restregárnosla en la cara.

Aunque quizás es a él al que le restregarán toda la felicidad en el rostro una y otra vez, ya que el motivo de la misma es su unión matrimonial con Víctor Allen, un galán en la misma línea del cantante.

Como le decía en un inicio, han pasado 13 años desde que denostó la belleza de la mujer mexicana y el mundo no es ya el mismo. Aquello causó en su momento un leve alboroto y algunas notas y comentarios editoriales en repudio al intérprete de “Tardes Negras”.

En esos días la comunicación era prehistórica: los chistes, chismes, noticias cadenas, memes y hoaxes los compartíamos por correo electrónico, como animales. Pero hoy, gracias al advenimiento y desarrollo de las redes sociales podemos destruir una carrera y reputación en tiempo real, casi al momento en que el interfecto (a) está diciendo su pendejada, llámese Yeidckol Polevnsky o el Dalai Lama (¡ni a cual irle, chinga’o!).

Así que aunque en nuestro País el nombre de este artista quedó para siempre apestado (entiendo que hay muy pocos Tiziano de Jesús), en realidad le salió muy barato su dislate y dado que no había entonces un #MeToo con cuenta de Twitter, resultó básicamente indemne.

Hoy que nos enteramos que el señor Ferro encontró a su alma gemela… Bueno, la verdad es que deberíamos alegrarnos por él.

Como era de esperarse, en la sección de comentarios de las notas concernientes a este enlace, los mexicanos no lo bajan de “maricón resentido” por aquella histórica injuria sobre la hirsuta condición de las féminas mexicanas (y por hirsutas nos hemos de remitir exclusivamente a su bozo o bigote).

Pero olvidemos por un segundo nuestra enardecida y muy macha defensa de la broncínea mujer autóctona para ceder algunas cuantas neuronas a una pequeña reflexión:

Si revisamos la más incipiente biografía de Tiziano hemos de notar que su vida, pese a dedicarse con éxito a algo tan noble como la música, ha sido más bien miserable, al grado de llegar al intento de suicidio.

Sucede que, temeroso de que revelar su homosexualidad significaría el fin de su carrera, decidió guardarse una de las tres cosas más difíciles de disimular en la condición humana (siendo las otras dos lo ladrón y lo pendejo).

Quizás no se equivocaba, todavía hace algunos pocos años la vida para un gay en el ojo público podía ser particularmente difícil, restarle muchas oportunidades y cerrarle incontables puertas. Dichoso el señor Ferro si hoy puede proclamar sin reservas la persona que es y profesar amor sin necesidad de esconderse.

Pero es necesario hacer la conexión ya que si hace 13 años hizo un comentario tan desafortunado sobre las mujeres de este País (que por lo demás no dañó a nadie, tampoco es para azotarse), quizás no se debió a que fuese un cretinazo de primera, sino que era un ser humano sufriendo, enojado quizás con su suerte, pero eminentemente deprimido por las restricciones (en parte) autoimpuestas.

Para ser la región con más suicidios per cápita en México, quizás como saltillenses, coahuilenses y norestenses, deberíamos ser un poco más analíticos. Y es que cuando buscamos síntomas de la depresión, o señales de un suicida potencial, imaginamos a una persona mortalmente apática, al borde del llanto o sumida en la desesperación.

Pero quizás esa persona que anda enojada con la vida, que dice cosas hirientes, que nos molesta en la fila del súper o en el Periférico sea, sin que lo advirtamos, la persona más deprimida y propensa a quitarse la vida.

Ya sabemos que son un cadillo y lo más seguro es que respondamos una agresión con otra agresión, si la situación se nos presenta.

Pero quería hacer notar que a veces una conducta antisocial puede estar motivada por la depresión y ser también la expresión de una persona que sufre y necesita nuestra comprensión, justo como estoy seguro se las vio en sus tardes más negras el cantante italiano.

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