Para que el sainete termine en jolgorio, la prioridad debe ser el bienestar de los usuarios maltratados por una banca que cobra muy caros, servicios de pésima calidad.

Cuando Ricardo Monreal amenazó con quitarle comisiones a la banca, la bolsa sufrió un desmayo, Yeidckol Polevnsky elevó la voz para condenar el “bomberazo” y Andrés Manuel López Obrador enmendó la plana al zacatecano, aclarando que no habrá cambios “en los primeros 3 años”. La bolsa se recuperó, pero Monreal ha optado por seguir adelante. Se mantiene la incertidumbre.

Se ha argumentado, con algo de razón, que es una iniciativa para mejorar. Tiene defectos, es cierto, pero ha sido benéfico subir al escenario las deficiencias de una banca que debe reformarse a favor de los usuarios y del país. Los dueños de la banca harán grandes esfuerzos por preservar un oligopolio extraordinariamente lucrativo.

Parte de la responsabilidad recae en los organismos reguladores. El Banco de México, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) están instalados en la pasividad. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) que dirige Mario di Costanzo ha mostrado interés y voluntad, pero carece de atribuciones y recursos. 

Los usuarios también viven en la indefensión porque están desorganizados y carecen de organizaciones que levanten su causa ante instituciones financieras, reguladores y partidos. Hace años Adriana Labardini y Daniel Gershenson crearon Al Consumidor, un organismo civil que se ocupó de estos temas durante un tiempo. Sus esfuerzos se enfrentaron a una muralla de intereses privados y complicidades públicas que hicieron casi imposible la defensa de los consumidores. Esta afirmación puede demostrarse revisando las leyes y reglamentos o constatando la ausencia de fondos públicos o privados que promuevan la profesionalización de los estudios y del asesoramiento y acompañamiento de quienes litigan por casos individuales o acciones colectivas.

A ello podría deberse que los bancos estén fuera de la agenda de investigaciones de los organismos que han mostrado capacidad para introducir temas en la agenda nacional de discusiones. Fundar, Instituto Mexicano para la Competitividad, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y México Evalúa, carecen de investigaciones sobre la banca y sus usuarios. Tal vez por ello, tampoco es un tema prioritario para universidades, centros de investigación o medios de comunicación; estos últimos publican de cuando en cuando historias aisladas que carecen de la continuidad que requiere la construcción de un relato convincente para la agenda nacional.

Ante ese panorama, hay que agradecerle a Monreal haber recordado la importancia del tema. Es también comprensible que AMLO entrara como bateador emergente para tranquilizar a los mercados. Es altamente probable que en el trasfondo esté una lucha de poder dentro de Morena –la sucesión presidencial de 2024 ya empezó– y es igualmente necesario dar tranquilidad a los mercados. Ello no justifica que pospongan la atención al tema por tres años. Para un partido que combate la desigualdad es absurda la indiferencia, porque una reducción de los abusos bancarios significaría una mejora en los ingresos de millones de personas. Ignorar a ese sector es un error, porque forma parte de un electorado cada vez más inquieto y exigente.

Una fórmula intermedia sería hacer correcciones con el marco legal existente. El ejecutivo y el Senado podrían solicitar y/o exigir a los órganos reguladores que pongan más empeño en la defensa de los usuarios. Una medida complementaria sería alentar la investigación sobre el tema y ofrecer fondos concursables y otros alicientes, para que organismos civiles dediquen parte de su tiempo a acompañar profesionalmente a las víctimas de los abusos.

Para que una reforma sea sustentable, debe contar con una base social y el conocimiento del problema. Los usuarios de la banca vivimos en el desamparo porque el Estado no cumple con su obligación de atender a los más débiles. Morena y los otros partidos deberían poner a los consumidores como prioridad. Lo mismo podrían hacer algunas ONGs. Si esto sucede, lo vivido en los últimos días terminará siendo un sainete con final feliz.

Twitter: @sergioaguayo
Colaboró José Gerardo Arroyo Beristáin.