Antier fui a ver la Casa de la Alameda. Encontré en una banca a una señora que había llevado a sus familiares a dolerse de esa pérdida. Fui a la Librería Monsiváis y regresé: lloraba una mujer observando el desastre. No creo que haya que buscar culpables, los accidentes suceden. Los dueños dejaron caer la casa que fue de su padre. Era muy difícil sostenerla y casi imposible restaurarla.

Al ser tres hermanos los propietarios no les facilitaba invertir en ella: los tres son de edad madura. Y quienes la rentaban tampoco tenían una mínima posibilidad de atajar el siniestro. ¿Qué podría seguir? Creo que tanto el municipio como el estado deberían adquirir el predio y rehacer esa hermosa casa. Nadie podría ocuparse de esto. Podría servir a cualquiera de las dos instituciones.

Miguel Riquelme dijo que beneficiaría a Saltillo porque aquí ganó en número de votos, mientras que los torreonenses le dieron la espalda. Es el momento de cumplir su palabra. Hasta ahora hemos visto con sorpresa que ha dado mucha más importancia a La Laguna que a Saltillo. Entiendo que él debe trabajar por los 38 municipios, pero no se ve que haya proyectos.

Viene el aniversario de la fundación de Saltillo. Se continúa festejando en las fechas que decidió el profesor Óscar Flores Tapia. Decretó que había sido fundada en 1577. He mostrado en otros artículos el documento que entregó el geógrafo real a Felipe II con un listado de “ciudades, villas, pueblos y reales de minas de la América”. En esa lista Saltillo aparece en el penúltimo lugar, seguido únicamente por Mapimí. Ese documento lo recibió el Rey a inicios de 1573, lo que significa que Saltillo existía al menos desde 1572. No soy obsesivo ni me interesa que se cambie la fecha, sencillamente hay que saberlo. Saltillo es al menos cinco años más vieja de lo que se cree.

Una particularidad que hace única a Saltillo es el haber sido fundada por portugueses, que luego fundarían Monterrey y Monclova (bajo los nombres Ojos de Santa Lucía y Real de minas de la Trinidad). En esto somos las tres únicas ciudades que tenemos un origen que nadie más comparte en la República Mexicana. Parras ya debe su creación a los vascongados, por ello se llamó Valle de los Pirineos, aunque he encontrado que ahí hubo una fundación anterior que tuvo por nombre Valle de San Francisco, evidentemente por influencia de los frailes de la Orden de Hermanos Menores. Encontré en Sevilla una denuncia contra los esclavistas que ya andaban en la laguna de Mayrán por 1564, lo que indica que los primeros evangelizadores de La Laguna no fueron los padres jesuitas sino los franciscanos.

La historia como recuerdo, como memoria, como referencia no es fija, no es para siempre. ¿Cambia la historia? Por supuesto, no en el sentido de que cambien los hechos sino las informaciones. También encontré recientemente en un documento fechado en Parral que en 1608 se menciona a la Provincia de Coahuila, lo que echa abajo la afirmación de que la fundó el padre Juan Larios en 1676. ¿Y qué pasa?, nada, todo sigue igual, menos un dato.

Regreso a Saltillo. Hace media hora me detuvo un reportero en la calle. Preguntó por qué no se conservaban los viejos edificios. Dije que por varias razones que expongo: por la ignorancia supina de los ricos saltillenses que son incapaces de gastar un centavo en algo que no le vean un provecho en pesos (recuerde la destrucción del Hotel Coahuila que firmaron los cuatro hombres más ricos de Saltillo y su abogado). En segundo lugar coloco la barbarie de los políticos de hoy y de antes, con excepciones. En tercero la incuria “saltillera” que sueña con ser Atenas y no llega a pueblo.

Se nos acusa de vivir de la nostalgia y tienen razón porque hay mucho de qué dolernos. Esas casonas antiguas o viejas, si se quiere, le daban a Saltillo su rostro, que era único. Todavía sobreviven casas hermosas en calles como Juárez, General Cepeda, Bravo y Zaragoza aunque algunas están en ruinas. Las calles de Victoria y Aldama, que eran bellas, ahora están entre las más feas de la Tierra, junto a las de Reynosa y Matamoros, Tamaulipas. Sí, vamos para atrás.