El 1 de julio de 2018, mi compañera Citlalli Hernández y yo fuimos elegidos senadores de la República por la Ciudad de México.

Dos meses después fui elegido presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República. En consecuencia, soy senador de una fuerza política: Morena; soy senador por la Ciudad de México y, sobre todo, soy representante institucional, jurídico y político de un órgano colegiado que forma parte de un Poder del Estado.

En su momento, pedimos el apoyo a la ciudadanía y logramos obtener su confianza. Ahora, nos corresponde informar y rendir cuentas de lo que hemos hecho.

El reto no era fácil. La imagen pública del Poder Legislativo era precaria.

En septiembre de 2018, la encuesta de Beltrán y Asociados a la pregunta: ¿qué tanta confianza tiene usted en el Congreso de la Unión, diputados y senadores?, mostraba la siguiente respuesta: Mucha: 1 por ciento. Regular: 25 por ciento. Poca: 26 por ciento. Nada: 45 por ciento.

La misma pregunta aplicada en enero de 2019, generó las siguientes respuestas: Mucha: 10 por ciento. Regular: 37 por ciento. Poca: 24 por ciento. Nada: 24 por ciento.

Es decir, que en mucha confianza pasamos del uno al 10 por ciento; regular, del 25 al 37; y nada, del 45 al 24.

En días pasados el sondeo México Elige muestra una aprobación del trabajo de los diputados federales de un 43.7 por ciento, y del trabajo de los senadores y senadoras de un 46.9 por ciento.

Las mediciones muestran una mejoría de la imagen del Congreso y del Senado, de hasta 20 puntos porcentuales. Este avance tiene que ver con que se asumió el contundente y claro mandato emanado de las urnas: hay que transformar todo.

A lo largo de estos primeros meses, con la participación de todas las fuerzas políticas del Senado ha comenzado un proceso de transformación cuyas líneas características podemos expresar así:

1. Austeridad Republicana.

2. Mística de trabajo.

3. Decisiones legislativas a favor de la población.

4. Parlamento Abierto.

En su Primera Sesión Plenaria, el 4 de septiembre de 2018, el Senado aprobó su Plan de Austeridad que permitió devolver a la Secretaría de Hacienda los ahorros correspondientes al periodo septiembre a diciembre de 2018 en alrededor de 300 millones de pesos, y disminuir el presupuesto del 2019 en mil millones de pesos.

En lo que tiene que ver con el trabajo, se puede afirmar que es como si hubiéramos tenido un gran periodo de sesiones de 10 meses. Hasta el momento, la actual legislatura ha trabajado en el Pleno 447 horas, en comparación con las 180 horas laboradas por la legislatura anterior en el primer año de actividades.

En el primer año del Senado pasado se presentaron 535 iniciativas y en el primer año de este Senado se han presentado 854 hasta el día de hoy. Hace seis años se habían realizado 432 nombramientos de diverso tipo y ahora se han realizado 585.

A la par de la austeridad y el incremento del trabajo legislativo hay un importante avance en materia de transparencia: se han presentado mil 764 solicitudes de acceso a información, lo que equivale a un 66 por ciento más que el mismo periodo del año pasado.

Se ha reducido el tiempo de respuesta en cuatro días y en esta Legislatura alcanzamos la calificación de 100 en cumplimiento de obligaciones de transparencia por parte del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI).

De esta manera es como la nueva forma de trabajo del Senado, en un contexto de cambios que va más allá de este órgano legislativo, ha impactado de manera positiva la percepción ciudadana.

* Fragmento de mi Primer Informe de Labores Legislativas.

@martibatres