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Juan de la Cierva y el invento que se adelantó a los tiempos

En enero de 1930 la revista Popular Mechanics dedicaba buena parte de sus contenidos a la aviación, uno de los grandes avances que causaban furor en el momento.

Uno de esos artículos examinaba la seguridad de los aviones, mientras un reportaje gráfico ilustraba que las modernas aeronaves ya ofrecían lujos tales como cocina eléctrica, rizadores de cabello, frigoríficos e incluso mesas para jugar al billar.

Otra lectura presentaba una prometedora innovación denominada ‘autogiro’, considerado como el gran invento del aviador español Juan de la Cierva, que hoy en día se dice que se anticipó al helicóptero.

El artículo relataba los detalles de un accidente sufrido por  De la Cierva cuando un biplano trimotor construido por él mismo había perdido sustentación y se había estrellado.

A partir de aquella experiencia, el español había perseguido el diseño de una aeronave más segura, que pudiera volar sin perder sustentación incluso a velocidades muy reducidas, y que aemás pudiera aterrizar casi en vertical, como hacen ahora los helicópteros.

El resultado de su trabajo fue un aparato coronado por un rotor de cuatro grandes aspas que giraban libremente con la fuerza del aire. «Creo que el autogiro será de especial ayuda en el desarrollo de la aviación civil, donde la seguridad es capital», declaraba De la Cierva a Popular Mechanics.

Más seguro que los aviones

El autogiro se diferencia de los aviones convencionales en que la mayor parte de la sustentación no recae en las alas fijas, sino en el rotor, que se convierte en un ala móvil al girar.

Según explicaba De la Cierva a Popular Mechanics, el rotor desempeña la función de un paracaídas, permitiendo un descenso incluso más lento que con un paracaídas.

El concepto de ‘ala móvil’ del autogiro recuerda al del helicóptero, pero existe una diferencia fundamental: en éste (en el helicóptero) el rotor gira propulsado por un motor, mientras que las aspas del autogiro rotan solas gracias a la velocidad relativa del aire cuando el aparato avanza.

En palabras del ingeniero aeroespacial Jeff Lewis, que ha investigado la historia del invento y de su creador, el rotor del autogiro gira por fuerzas aerodinámicas a través de un fenómeno llamado autorrotación.

 Dado que el rotor no es propulsado, un autogiro necesita una fuente separada para la propulsión, como un avión. De hecho se podrían emplear hélices, pero también se podrían utilizar reactores”. Por el contrario, un helicóptero consigue su propulsión inclinando el rotor hacia delante.

Ese giro impulsado por el viento era el que confería al autogiro una seguridad mayor que la de aviones y helicópteros. En caso de parada del motor, el rotor continuaba girando y el aparato simplemente planeaba con suavidad hasta el suelo en lugar de estrellarse.

De hecho, aclara Lewis, “el procedimiento para aterrizar un autogiro después de un fallo del motor es el mismo que para aterrizarlo en circunstancias normales”, ya que lo habitual en el caso del autogiro era detener la propulsión antes de tomar tierra.

Un aviador precoz

El autor de este ingenio, Juan de la Cierva, nació en Murcia (España) hace 120 años, el 21 de septiembre de 1895. La posición acomodada de su familia, establecida en el mundo de la política y la empresa, le permitió fundar junto a dos amigos una sociedad dedicada al desarrollo de la naciente aviación, cuando aún eran adolescentes, y luego estudiar ingeniería de caminos. Su primer prototipo, un avión biplano, vio la luz en 1912, nueve años después del histórico vuelo de los hermanos Wright en Carolina del Norte.

Aquella aeronave, llamada BCD-1 Cangrejo, fue el primer avión de fabricación española, construido sobre la base de un Sommer francés. El aparato voló, pero los posteriores intentos de De la Cierva fracasaron.

 Cuando su tercer modelo, el C-3, se estrelló por volar demasiado despacio, el ingeniero decidió concebir otro tipo de aparato más seguro.

Por entonces se habían popularizado los juguetes voladores, provistos de una hélice horizontal que giraba cuando el aparato se dejaba caer desde cierta altura. De la Cierva dio con su idea del autogiro al lanzar uno de aquellos modelos desde el balcón de la casa de sus padres.

El auge de su ingenio

La carrera del ingeniero comenzó a despegar en 1920 en Madrid con la construcción del primer autogiro, el Cierva C.1. El artefacto nunca llegó a despegar del suelo, pero demostró que el principio del rotor autogiratorio era válido.

El principal problema de diseño era una asimetría en la sustentación que provocaba el vuelco del aparato. Los C.2 y C.3 sufrieron este defecto, y no fue hasta 1922 que a De la Cierva se le ocurrió, al parecer mientras asistía a la ópera, que unas aspas más flexibles eliminarían el problema. El C.4, con articulaciones en la base de las palas, despegó con éxito del aeródromo de Getafe en enero de 1923, recorriendo 183 metros bajo el mando del teniente de aviación Alejandro Gómez Spencer.

El modelo progresa

Con su principio demostrado, De la Cierva recibió una subvención del gobierno español y comenzó a promocionar su ingenio. Tras una exhibición en Reino Unido, fue invitado a continuar su trabajo en aquel país, donde en 1926 fundó la empresa Cierva Autogiro Company con el apoyo financiero del industrial escocés James G. Weir y la colaboración del fabricante de aeroplanos Avro, que suministraba los armazones.

Desde su sede británica, la compañía fue refinando sus aparatos y vendió licencias de fabricación en Francia, Alemania y Estados Unidos.

En 1928 el autogiro completó un recorrido de 4 mil 800 kilómetros por las islas británicas, y el 18 de septiembre del mismo año el propio De la Cierva pilotó su C.8 desde Londres a París, cruzando el Canal de la Mancha con el periodista francés Henri Bouché como pasajero.

Cuando en 1930 el autogiro apareció en aquel número de la revista Popular Mechanics sobre la aviación, el aparato estaba en la cresta de la ola, fabricándose bajo licencia en Estados Unidos y atrayendo gran interés.

En el artículo, el inventor pronosticaba un brillante futuro para su creación: “Para volar el autogiro sin riesgo solo se necesita un entrenamiento de unas pocas horas”, señalaba De la Cierva. “Además, el autogiro hará posible la utilización de campos muy pequeños como pistas de aterrizaje”, proseguía. “El romántico aterrizaje en el tejado ya no es un sueño, y espero que pronto veamos plazas de aparcamiento de autogiros en mitad de las ciudades”.

Un sueño frustrado

Sin embargo, la predicción de De la Cierva nunca se cumplió. A pesar de tratarse de una aeronave segura y de manejo sencillo, no llegó a triunfar.

Según el investigador Jeff Lewis, varios factores contribuyeron a este abandono. El autogiro no alcanzaba las velocidades que requería la aviación comercial, y para el vuelo lento existía otra opción: por entonces, varios pioneros trabajaban sobre la idea del helicóptero, que surgió de forma independiente.

Sin embargo, precisa Lewis, el primer helicóptero que en 1935 llegó a volar con éxito, el Breguet-Dorand 314, incorporaba varias innovaciones nacidas en el autogiro.

El helicóptero se convirtió en la opción preferida porque ofrecía ventajas frente al autogiro, como la posibilidad de detenerse en el aire, pero para perfeccionarlo sus creadores aprovecharon la comprensión de la aerodinámica alcanzada por De la Cierva durante la construcción de sus autogiros.

Pocos lo entendieron

En resumen, “todo lo que hacía el autogiro lo hacían también otros aparatos”, escribe Lewis. Pero “la mayoría de la gente no entendía cómo funcionaba y por ello no confiaba en él. Aunque más seguro que helicópteros y aviones, la gente no prefería los aparatos propulsados”.

Pero además, agrega Lewis, el invento decayó debido a la muerte prematura de su principal impulsor. El pionero de la aviación murió en un accidente aéreo. Una fatal ironía quiso que no fuera en uno de sus seguros aparatos, sino en un avión convencional: el 9 de diciembre de 1936, el DC-2 de la compañía KLM que debía transportar a De la Cierva a Ámsterdam (Holanda) se estrelló después de despegar del aeropuerto de Croydon, en Londres. Las causas del accidente nunca aclaradas.

¿Tiene futuro el autogiro?

Hoy el autogiro está relegado a los aficionados al modelismo, pero al menos dos compañías estadounidenses, Groen y Carter, han resucitado en pleno siglo 21 el concepto con el fin de llevarlo a la práctica en el terreno de la aeronave personal y la idea del coche volador.

Tal vez después de todo lleguemos algún día a ver autogiros sobrevolando las ciudades. (Javier Yanes, de Ventana al Conocimiento)