Yolanda, mi hija, me preguntaba sobre qué tema debería seleccionar para realizar una tarea que le pidieron en la escuela. Le di una lista de casos, temas y problemas. Escogió la violencia feminicida. Me dijo que quería investigar el por qué en México existe tanta impunidad, violencia y misoginia.

Después de su investigación, me dijo su conclusión este lunes. El problema, papá, es que ustedes los hombres no están educados para respetarnos. Ni siquiera se dan cuenta. Es más les parece normal la violencia. Necesitan, me dijo, educarse de una manera distinta: sus instintos patriarcales no les deja ver con claridad lo reprochable que son las formas de violencia contra las mujeres.

Le dije: ¿no estás exagerando? Me contesto: tu pregunta me confirma que no. Si tú me dices que exagero, imagínate los demás hombres que no tienen tu educación. Preferí, mejor, escuchar sus reflexiones y no opinar, por ende, sobre sus conclusiones.

En esta semana hemos visto la manera de protestar contra el Estado patriarcal. El movimiento feminista es, hoy en día, la agenda más importante de la sociedad democrática del siglo 21. Los derechos de las mujeres plantean de manera radical una concepción igualitaria que pretende construir un nuevo orden social, político, económico, jurídico y moral.

El que no entienda la lucha feminista va quedar superado. La ola de las protestas justas no sólo derribará los muros. La lucha terminará de convertirse en leyes, políticas públicas, sentencias y nuevas formas de conductas que consolidarán la nueva transformación social. Los cambios de clima, como dice la Corte norteamericana, no afectaran los pasillos del tribunal; pero los cambios de era sí sacudirán a la justicia: tendremos que asumir nuevos criterios y nuevos enfoques para delimitar nuestras relaciones personales, familiares, sociales, laborales, entre otras.

Creo, como dice la lucha feminista, que la transformación clave del País debe pasar por la educación de los hombres. Los hombres somos los principales responsables del pacto patriarcal en contra de las mujeres.

Nosotros hemos conformado el pacto de la violencia. Porque no la vemos, porque la hacemos, porque la justificamos, porque la reproducimos, porque nos reímos, porque lo minimizamos, porque la invisibilizamos.

Todos, sin excepción, debemos asumir el pacto de la igualdad de género en todos los ámbitos de nuestra vida personal, familiar o profesional. Ese es el verdadero pacto social por hacer y que nos toca a nuestra generación.

Si nos comprometemos, los hombres, con el pacto de la igualdad de género, creo que la próxima generación podrá construir otra imagen que la que hace algunos días distinguió a Palacio Nacional: el muro de las víctimas de feminicidio. Estoy seguro que generacionalmente esa imagen cambiará. Por la vía de la democracia paritaria, las mujeres llegarán más al poder municipal, local y federal y llegará, más temprano que tarde, una mujer a Palacio Nacional para construir un nuevo estilo de gobernar: el de la igualdad, la no discriminación y la no violencia.

Hoy debemos eliminar la causa principal de la violencia contra la mujer: el macho violador. Comencemos, los hombres, a hacer a un lado nuestros estereotipos sexistas, a dejar el silencio de la impunidad y a colaborar con la agenda feminista, porque el pañuelo morado y verde llegará a Palacio Nacional.

No irán a pintar la violencia que hoy persiste en la sociedad. Irán más bien a borrar las huellas de las injusticias y a pintar un mundo mejor, sin violencia patriarcal, para la próxima generación.

ABOGADA FEMINISTA

Ayer, en el desayuno, mi hija me comentó que tenía un webinar para definir su vocación profesional. Ella se ha formado en el mundo del Derecho. Su abuela, su madre y su padre estudiamos leyes. Los libros de Derecho son tema de conversación siempre para ella. ¿Qué es lo justo?, es una pregunta que siempre discuto con mi hija.

Pero ahora me dijo. Ya decidí. Si soy abogada puedo defender mejor esta lucha de injusticia, porque el problema no es sentirse feminista. El problema es saber cómo el feminismo puede cambiar el Derecho para hacer una sociedad más justa. Para eso, me dijo, tengo que ser más inteligente que ustedes, los hombres, que nos han dominado durante estos siglos. La lucha es la libertad e igualdad.

Termine de almorzar. Me fui a la sesión del Tribunal Constitucional. Espero, si ella lo decide, que algún día le toque ir a defender mejor los derechos de las mujeres. Tengo una intuición: lo hará mejor. Yo trataré de ayudarle.