El sector privado asistió inmóvil y mudo a la cancelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el AICM: se perdieron 50 mil empleos en el momento de la catastrófica decisión y otros 500 mil de haber concluido la monumental obra que le hubiera reportado a México 120 mil millones de dólares anuales por la conectividad de la carga y de los pasajeros, un suicidio económico y social. En esa ocasión, en tan sólo una jornada, se perdieron 17 mil 500 millones de dólares de acciones emitidas por empresas mexicanas en Wall Street y, sin embargo, la IP guardó un “prudente” silencio, como el que observaron los venezolanos hasta que Chávez y Maduro destruyeron la economía de su país, no sin antes dejar a salvo su patrimonio personal en el extranjero... Se malversaron fondos en dicho aeropuerto por 200 mil millones de pesos al enterrarse el 30 por ciento de la inversión ya ejecutada, sin olvidar las multimillonarias amortizaciones de los tenedores de bonos y de fibras nacionales e internacionales. El daño fue mayúsculo, como sorprendente fue el mutismo empresarial.

Se cancelaron los contratos de energía eólica que generarían energía limpia y barata, se difirieron indefinidamente las rondas para subastar pozos petroleros, se paralizó la economía al extremo de llegar a crecimiento negativo, se dejaron de contratar cientos de miles de empleos y aumentaron las pérdidas de fuentes de trabajo sin que las autoridades respectivas reaccionaran para detener la debacle. Se observó una alarmante contracción de la inversión pública, se detuvo la construcción de obras de infraestructura, en tanto la incertidumbre política y financiera lastimaba severamente la marca “México”. Cada punto de incremento de las tasas de interés con las que castigan los bancos la deuda pública de México equivale a 70 mil millones de pesos, sin dejar de tomar en cuenta las pérdidas de 136 mil millones de pesos en afores, más los abultados retiros de los trabajadores privados de sus respectivos empleos.

Pemex y CFE enfrentan quiebras escandalosas y, sin embargo, se insiste en atentar en contra de los contratos ya suscritos en materia de ductos e importación de combustibles para ahuyentar aún más a los inversionistas extranjeros que observan incrédulos y furiosos el nuevo desastre mexicano. Las empresas son asaltadas a diario por delincuentes bien organizados, los trenes transportadores de sus mercancías son saqueados o bloqueadas las vías férreas para arruinar las operaciones de los puertos mexicanos por donde respira nuestra economía, o se secuestran autobuses o camiones de carga por “presuntos” maestros protegidos por Morena, o los empresarios se someten indefensos al cobro de derechos de piso, otro impuesto obligatorio, o simplemente acceden al endoso de sus acciones a favor del hampa con tal de salvar la vida y, otra vez, sin embargo, López Obrador se abstiene de recurrir al uso de la fuerza pública en perjuicio del pueblo de México y, a cambio, invita a la reflexión y a observar buenos modales, mientras que los empresarios mexicanos asisten pasmados y callados la devastación sin salir a protestar tomados de la mano por el bien del País. ¿Ese es el camino para construir un Estado de Derecho...? ¿Se requieren acaso “autodefensas empresariales”? ¿Quién ha presenciado una protesta organizada y eficiente del sector empresarial ante las políticas de AMLO, como tampoco se produjeron durante el gobierno de Peña Nieto, a pesar de estar más que comprobados los alarmantes niveles de putrefacción en dicha administración?

¿Cómo pueden permanecer enmudecidos los empresarios cuando los impuestos recaudados con gran esfuerzo por parte de la nación son obsequiados para la compra de votos con el objetivo de eternizar a Morena en el poder?

Los empresarios tampoco protestaron cuando fueron excluidos de las mesas de negociaciones del T-MEC a pesar de que ellos y la nación tendrán que pagar las consecuencias de arreglos llevados a cabo sin su conformidad.

Si cuando estuvimos a tiempo de denunciar en cualquier foro los atropellos cometidos en contra del País, permanecimos apáticos y enmudecidos, entonces preparémonos para pagar el precio de nuestra indolencia o de nuestra cobardía...

@fmartinmoreno