Foto: Especial/Cardenal se trasladó a México para estudiar Filosofía y Letras en el año de 1942

Augusto César Sandino emprendió en 1927 en Nicaragua, una lucha anti-imperialista en contra de los Estados Unidos poniendo en práctica la táctica de guerra de guerrillas. Después de los acuerdos de paz que se firmaron en 1933, Sandino fue asesinado en 1934 por orden de Anastasio Somoza García, general en jefe de la Guardia Nacional _grupo impuesto por los yankees como parte de los acuerdos_. Somoza, fundador de una dinastía dictatorial, sometió al país Nica hasta el triunfo de lo que podemos llamar como una segunda revolución sandinista el 19 de Julio de 1979.

Sandino paso a ser un icono transnacional de la resistencia armada y fue considerado precursor de la guerra de guerrillas a escala latinoamericana (estrategia que desarrolla al pueblo en armas). Sandino, como Zapata en México, se convertirían en un ícono del pueblo para la posteridad. Pero dentro del pueblo que lucha en armas por una libertad y por una emancipación que los haga sujetos de su propia historia, surgen a su alrededor personajes que abonan el ideal revolucionario.

Ernesto Cardenal (1925-2020) fue poeta, sacerdote, teólogo, político y revolucionario nicaragüense. Fue uno de los defensores principales de la teología de la liberación; pero también fue ministro de cultura en su país de 1979 a 1987.

De joven, Cardenal se trasladó a México para estudiar Filosofía y Letras en el año de 1942. Después de viajes y experiencias, en el año de 1950 volvió a su país para participar en la revolución de 1954 en contra de Somoza; la revolución falló y tuvo que refugiarse en una abadía en Estados Unidos. Ernesto Cardenal, tras los sinsabores de la revolución, se ordenó sacerdote en 1965. Sin embargo, sus sueños no habían terminado y volvió a participar en la Revolución organizada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Tras el triunfo, Cardenal fue cuando formo parte del nuevo gobierno naciente.

Los versos, la fe y el compromiso político, perdieron a Ernesto Cardenal el primero de marzo a los noventa y cinco años, victima de fallos renales y cardíacos. Ernesto Cardenal nunca dejó de lado la revolución y la rebeldía. Como apestado dentro de la religión católica por ser defensor de la teología de la liberación, Juan Pablo II lo reprendió públicamente en una de sus visitas a aquel país, con un dedo acusador frente a sus colegas. El teólogo y revolucionario no contesto nada. Pocos meses después el papa ordenaría una suspensión que le impidió ejercer el sacerdocio por más de treinta años. Fue el papa Francisco quien le dio revocación a esa retrógrada acción.

Aquel personaje que creía en las metas de los guerrilleros, pero no en sus métodos, vio para la lucha en contra de Somoza como única vía posible a la lucha armada. Su poesía llego a obreros, campesinos, trabajadores, profesionistas, jóvenes… fue una poesía espiritual y revolucionaria con matices de esperanza y de un mundo mejor.

Como suele suceder en la historia, Ernesto Cardenal como muchos otros, termino alejado del presidente Daniel Ortega _que supone representa al frente sandinista_. Paradójicamente, las inclemencias espirituales que lo persiguieron por décadas apoyando a un proyecto político, lo persiguieron durante sus últimos años de la mano de Ortega. Hoy ese proyecto que encabeza, se autodestruye, y de Sandino y las ideas en las que muchos creían, ya no quedan ni las sombras. Nicaragua tiene otro apóstol ideológico y de acción. Debe de saber que no tiene que estar condenada a ser gobernada por ladinos y marrulleros.

Abraham Alvarez Ramírez.

@Abraham_AAR