En el periodismo, en su práctica debe haber razones, no emociones. 
Esta es la principal diferencia con el uso y abuso de las redes sociales e internet todo. En las redes sociales hay cobardía y todo mundo se mueve en el anonimato (nadie escribe con su nombre, o pocos, vaya); se publican rumores, no hechos (en La Rambla de Barcelona, ante el camión que invadió la vía peatonal y mató a decenas de humanos en segundos, se dijo que había un comando del Estado Islámico pertrechado hasta los dientes de armas y con un puñado de rehenes en un restaurante muy conocido de Barcelona. Era mentira); en las redes se editan “emoticones”, no críticas. 

Seguido aquí le presento mis reflexiones sobre este bueno y peligroso oficio llamado por Gabriel García Márquez “el más bello del mundo”. Y lo hago para tener un denominador común y porque no está de más recordar los blasones que los escritores y periodistas esgrimimos. Y es que la cosa va cambiando. Como soy viejo (55 años, ya estoy en plena vejez, pues) sigo leyendo periódicos, libros y revistas y no “páginas web”; como soy viejo sigo creyendo que escritores como Javier Marías y Juan Cruz, en España; y aquí en mi vecindario Luis Carlos Plata, Edgar González, Jesús Peña, don Antonio Ruiz o José Reyes (por citar sólo a algunos) traen la verdad en su pluma y palabra. Ellos, no el anonimato de las redes sociales. 

Cada vez, entonces, que un medio de comunicación nace en el Estado agradezco de su apuesta, valentía y eso llamado “picar piedra” en materia tan delicada como el periodismo. Máxime, el periodismo escrito. Fue el caso, en su momento, del catorcenario Espacio 4, que ya lleva poco más de tres lustros en el ánimo del lector estatal. Bajo la batuta de su fundador y director, Gerardo Hernández, sigue en la brega. No poca cosa, cuando en este lapso llegó un monstruo regiomontano: Palabra, y así como llegó, quebró. Hoy sus viudas siguen llorando y la mayoría de sus periodistas “independientes” están incrustados o estuvieron mamando en la nómina de los Moreira. Si gusta luego lo publico aquí, no es el caso hoy. 

Este liminar sirve para saludar los nuevos folios de una revista que lleva tres números en materia física (papel, pues), y buenos y gustados reportajes en su página web (qué le vamos hacer, ahora así funciona esto), es la publicación quincenal El Tintero de Coahuila, bajo la dirección de dos buenos periodistas y amigos, dos viejos conocidos nuestros que han estado colaborando en los mejores diarios de Saltillo: Sandra Mendoza y Javier Palomo. Agradecible, entonces, su frescura y apuesta.

ESQUINA-BAJAN

Al día de hoy llevan tres números donde uno lee buenos trabajos de la académica Sanjuanita Torres; una excolaboradora de este diario, Eugenia Flores;  quien es la voz de la Hora Nacional versión Coahuila, Víctor Antero Flores; sin faltar textos de don Arturo Recio. El cuerpo de los reportajes principales está a cargo de la propia editora Sandra Mendoza y Javier Palomo. Un buen team que tiene lectores, buenos y atentos lectores que efectivamente hacen falta para cambiar, y todos juntos, esta sociedad que se resiste al cambio debido a su zona de confort que es el diván y en la mano, como extensión, un celular última generación. 

Y da gusto leer un medio así. En uno de sus últimos ejemplares hicieron una puntillosa pregunta a un pool de periodistas. La redacción preguntó: “¿Qué mata al periodista en Coahuila?”. ¡Ah! Sin duda, como serpiente venenosa, el cuestionamiento es bueno. No puedo dejar de mencionar aquí al eterno Valentín Valdés (†), que es un reportero vivo en las páginas y la obra de Roberto Saviano y José Saramago. Antero Flores dice: “El periodista muere cuando se corrompe. Es mercenario”. Para Cirilo Recio “la autocensura es el suicidio del periodista”. Sandra Mendoza apostilla: “No solamente las balas, el sistema, el silencio o la corrupción matan a un periodista. La lucha de egos también los va extinguiendo poco a poco”.  

Da gusto leer este tipo de periodismo. Dan ganas de leer una publicación que está apostando al periodismo (así, sin adjetivos). Y creo que usted lo nota, lector, venimos de 12 años de un control férreo y dictatorial de los medios de comunicación en manos del clan Moreira. De la radio y la televisión nadie se salva, o pocos. Los Moreira hicieron chuza en estos medios electrónicos. Muchos compañeros locutores perdieron toda credibilidad, otros fueron “renunciados” (María Guadalupe Durán), otros, de plano, murieron en accidentes lamentables en pleno éxito y simpatía con el Gobierno (Maribel Campos, Antonio Dávila); en fin, nadie es eterno. Por eso los que nos dedicamos a este oficio tenemos que hacer lo mejor posible las cosas para estar en el gusto de usted, señor lector. 

LETRAS MINÚSCULAS
El soberbio diseño de la revista es obra de arte del “Chino” Corpus. Larga, larga vida a la revista El Tintero de Coahuila.