Durante las décadas recientes, los avances tecnológicos han sido exponenciales. Las grandes empresas dedicadas al rubro de la tecnología, así como las personas emprendedoras, en muchas ocasiones parecen olvidar la importancia del Estado en el desarrollo y éxito de sus proyectos. Esta concepción, en la cual esas empresas son grandes generadoras de valor y el Estado no debería intervenir, ha sido reforzada por el modelo capitalista que rige la economía mundial. Es precisamente bajo esta lógica que las grandes empresas tecnológicas se han opuesto férreamente a retribuir al Estado, a través del pago de impuestos, como facilitadores de sus operaciones y parte fundamental para seguir innovando y creciendo.

La negativa de las grandes compañías tecnológicas a retribuir al Estado se basa principalmente en el argumento de que hacerlo va en contra del espíritu emprendedor y de la innovación y, por ende, han podido exigir tratamientos fiscales ventajosos.

En todo el mundo, la industria tecnológica ha sido capaz de utilizar estos argumentos para justificar desigualdades en la riqueza y en los ingresos que recompensan de manera descomunal a unos cuantos que, debido a su gran poder económico, han podido convencer a los gobiernos y a las sociedades de que ellos, y no la sociedad en general, son quienes merecen la prosperidad. En México, estos abusos han sido aún más marcados, pues la mayoría de las empresas tecnológicas que logran incrementar sus ingresos ofreciendo sus productos y servicios en nuestro país no retribuyen nada a cambio a los contribuyentes, cuyos impuestos sirven para generar la infraestructura nacional de la cual las compañías tecnológicas hacen uso.

Convencidos de que el Estado es un actor importante en el proceso de innovación, que no puede seguir subyugado a los intereses económicos, la semana pasada presenté, en el Senado de la República, una iniciativa para que estas plataformas digitales paguen impuestos en nuestro país y que, además, un porcentaje mínimo de sus contenidos sea nacional.

Tan sólo el año pasado,Netflix tenía 8.3 millones de suscripciones en nuestro país; si consideramos que cada cuenta, en promedio, cuesta 150 pesos mexicanos al mes, entonces podemos inferir que en territorio nacional esa plataforma obtiene ingresos de aproximadamente 14,940 millones de pesos al año. México aporta el 13 por ciento de todas las personas usuarias de esta plataforma digital, por ende, representa también una importante parte de sus ingresos. Éste es solo un ejemplo de lo valioso que es el mercado nacional para este tipo de plataformas, y también de la gran influencia que éstas tienen en nuestro día a día.

Durante décadas, la economía mundial ha estado dominada por las grandes corporaciones; bajo la  dinámica rapaz del mercado, éstas —muchas veces— han logrado que la lógica económica esté por encima del gobierno; por ello, iniciativas como ésta buscan volver a darle la fuerza necesaria al Estado, haciendo valer su importancia como creador y distribuidor de riqueza y como un ente capaz de corregir las fallas ocasionadas por el libre mercado, como lo es la desigualdad en el ingreso.

Es un hecho también que los millones de mexicanas y mexicanos que utilizan las plataformas se ven beneficiados por su existencia, pues obtienen acceso a nuevos medios de entretenimiento, pero —debemos tenerlo presente— lo hacen pagando un precio justo por ello. La iniciativa busca, precisamente, que las plataformas digitales retribuyan una cantidad justa a todos los contribuyentes y que, al mismo tiempo, se incentive la colaboración entre éstas y nuestra industria local.