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El dominio del fuego fue lo que abrió la gran puerta hacia el progreso. Le permitió a los primeros humanos no sólo ingerir alimentos que antes no podían comer, sino la oportunidad de vivir en lugares que antes no podían habitar

En todas las culturas de la Tierra, cualquier cosa que merezca ser tomada en cuenta, funciona mejor si se invita a una cena. Sirva un asado acompañado de una buena guarnición, agréguele algo de vino, remátelo con una rebanada de pastel de limón y las desavenencias se podrán remediar, los pactos se podrán sellar y los amores se podrán concretar.

Ni siquiera los condenados a muerte quieren dejar este mundo sin disfrutar de su última cena. De acuerdo con el antropólogo estadounidense Richard W. Wrangham, profesor en la Universidad de Harvard, la cocina ha sido, sin lugar a dudas, el domador más efectivo de la bestia humana, y el acontecimiento más importante en el devenir de la humanidad”.

Nada se le compara

 Según Wrangham, no hay otra cosa que se equipare a la cocina como precursora del progreso humano. “En realidad, cocinar fue la primera gran revolución de la humanidad”, enfatiza Wrangham.

Este señor asegura que el uso del fuego podría remontarse a dos millones de años; es decir, un millón y medio de años antes del tiempo en que tradicionalmente se acepta que empezó a ser utilizado por el hombre. Lo cual lo sitúa muy cerca de los orígenes de nuestra especie.

Este especialista también sugiere que fue la habilidad para cocinar la que nos hizo diferentes a los demás primates: nos dio un cerebro más grande, dientes más pequeños, e incluso la idea de formar una familia (ya que el dominio del fuego propiciaba la formación de grupos humanos).

Salto diferencial

Según el antropólogo Richard Wrangham “no hay ningún registro fósil, en ninguna parte, de personas que hayan vivido sin cocinar”. Este investigador considera el arte culinario como una de las más grandes revoluciones vividas por la humanidad, ya que calentar los alimentos no sólo hace la comida más deliciosa sino que también la hace más segura y más digerible, incluso más adecuada para extraer de ella sus calorías y sus nutrientes. Según Wrangham los benefi cios nutricionales de cocinar son inmensos, y por lo tanto, deben haber dejado su huella en la anatomía de los humanos primigenios. “Después del descubrimiento del fuego, los dientes (sobre todo los molares) ya no necesitaban masticar la comida tan vigorosamente, así que deben haberse vuelto más pequeños, de hecho las muelas del juicio han mostrado tendencia a desaparecer”, declara Wrangham.

 

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Otras bondades de la cocción

 “La cocción de los alimentos también ha llevado a que la mandíbula se vuelva más pequeña (en comparación, por ejemplo con los neandertales u ‘hombres de las cavernas’).

“Asimismo, el intestino y la caja torácica, también deben haberse reducido, porque ya no se necesitaban grandes cámaras de fermentación (estómago) para descomponer largas cadenas de carbohidratos”. Así que con todas las calorías que el fuego le podía extraer a los alimentos, tanto el cerebro como el cuerpo de los primeros humanos, deben haber aumentado de tamaño”, dice Wrangham.

Para encontrar las transformaciones corporales drásticas que se supone resultaron de una mejoría abrupta en la nutrición, propiciada por la cocción de los alimentos, los investigadores tuvieron que remontarse a 1.9 millones de años, cuando los antecesores de la humanidad cambiaron de ser australopitecus de cerebro pequeño y mandíbula prominente, al llamado Homo erectus de dentadura modesta, rostro pequeño y corteza cerebral aumentada.

 Ese salto evolutivo fue tan extraordinario, que merece una explicación aparte. Veamos.

Cambio de fisonomía

 Los Australopitecus fueron los antecesores del Homo erectus, éste último considerado como el punto de partida hacia el humano moderno u Homo sapiens. Hay evidencia de que los australopitecinos habían estado cazando mamíferos grandes desde cuando menos 600 mil años antes de la aparición del Homo erectus. Sin embargo, se cree que los australapitecinos no conocían el fuego. Por el contrario se supone que el Homo erectus, ya cocinaba sus alimentos. De otra manera, no se explica que tuvieran sus dientes tan pequeños y redondos. Los carnívoros generalmente tienen dientes grandes y puntiagudos, mientras que los dientes de los Homos estaban diseñados para comer alimentos reblandecidos; es decir cocinados.

Los investigadores observaron otro cambio significativo que se manifestó claramente con la aparición del Homo erectus: el varón era de mayor tamaño que el varón australopitecino, y la hembra era 60 por ciento más alta y más pesada que su predecesora australopitecina, una discrepancia impresionante, equivalente a la diferencia entre una niña de 10 años y una mujer adulta.

Así que, sea lo que fuere que haya ocurrido en la línea que dividió a los australopitecinos de los Homos, las hembras aparentemente obtuvieron los mayores beneficios; quizá porque estuvieron comiendo lo suficiente para volverse más grandes, y, entre las hembras, más grande por lo general significa más fecundas. La pregunta es, ¿produjo la comida un cambio tan marcado entre los primeros humanos, que llegó a impactar incluso en la conducta de nuestros antepasados? Los antropólogos coinciden en que el fuego fue el principal propiciador de la tribu y de la familia, porque obligaba a mantener al grupo alrededor de la hoguera, es decir alrededor del ‘hogar’, una palabra que precisamente significa ‘reunirse alrededor del fuego’.

 

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Apoyo a otra teoría

Sonia Ragir, antropóloga del Colegio de Staten Island, de Nueva York, está de acuerdo en que la cocina benefició tanto el crecimiento del cuerpo como del cerebro, hacia el final del reinado del Homo erectus.

Aquí conviene mencionar una nueva teoría que propone que no hubo especies diferentes de Homo, sino sólo una: el Homo sapiens.

Pues bien, el acceso del hombre a las bondades del fuego, pudo haber tenido una enorme influencia en la conformación del cuerpo y del cerebro, a tal punto que esa influencia dejó su marca en la estructura anatómica del humano, lo que podría explicar las diferencias encontradas en los fósiles descubiertos en varios lugares del mundo.

Fósiles que según la nueva teoría corresponden a la misma especie. Pero si la estructura anatómica del hombre fue resultado de una larga evolución, el despertar de su inteligencia fue, por el contrario, bastante brusco.

La otra pregunta es, ¿acaso no sería la conquista del fuego la que hizo posible los cambios en la estructura corporal y el “brusco despertar” de la inteligencia humana?

El fuego ha sido un factor tan importante para la humanidad que aún en la mitología, por haber robado el fuego a los dioses para darlo a los humanos, Prometeo ha sido considerado como ‘el protector de la civilización’.

(Con información de Discover)