El gobernador del Estado, Miguel Ángel Riquelme, dijo ayer que su administración estaría considerando la posibilidad de contratar un seguro que evitara costos adicionales a la entidad en caso de que las tasas de interés —que determinan el monto de los intereses de la deuda pública de la entidad— tuvieran un incremento y ello elevara el costo del servicio de la deuda.

“Es muy probable que se contrate un seguro para que en caso de que se muevan las tasas, no se afecte a Coahuila. Se estabiliza la tasa en caso de que haya algún movimiento brusco, y no sólo lo hacen las entidades, sino también los empresarios”, señaló el titular del Ejecutivo estatal.

La explicación ofrecida es perfectamente lógica: frente a la posibilidad de que la incertidumbre produzca resultados indeseables, lo mejor es asegurase, con el propósito de evitar costos mayores. Se trata exactamente de la misma lógica que utilizamos para adquirir un seguro contra accidentes.

Pero, exactamente de la misma forma en la cual ocurre con la contratación de un seguro de auto, en este caso tendrían que identificarse los factores que llevan a considerar tal posibilidad y que vuelven recomendable invertir dinero en comprar un seguro.

En el caso del seguro de auto, la compra del mismo se debe, no a que consideremos que nuestras habilidades como conductores son deficientes y eso se traduzca en la certeza de que suframos un accidente, sino a que consideramos la posibilidad de que alguien más provoque un percance que termine por involucrarnos.

Siguiendo esa lógica, conviene preguntarse cuál es ese factor exógeno que llevaría al Gobierno de Coahuila a considerar a posibilidad de que las tasas de interés se muevan de forma abrupta en el futuro próximo y que, derivado de ello, se vuelva prudente adquirir un seguro.

El único evento relevante que se encuentra a la vuelta de la esquina es la elección presidencial del próximo 1 de julio, una elección en la cual, de acuerdo con todas las encuestas, el abanderado de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, tiene las más altas probabilidades de alzarse con la victoria.

Se antoja difícil encontrar una razón diferente a la electoral para justificar la adquisición de un seguro -que seguramente no será barato-, decisión que implica una realidad de volatilidad que encarecería en automático el costo del dinero en México.

Valdría la pena, en este sentido, que el Gobierno del Estado hiciera explícitas las razones por las cuales está considerando la posibilidad de “asegurarse” de cara al futuro, pues también es factible pensar que, frente a la incertidumbre electoral, existan entes que están tratando de llevar agua a su molino, obteniendo ganancias con la especulación.

Además, al final de cuentas, el dinero que se utilizaría para cubrir el costo del seguro es un dinero que provendría de nuestros bolsillos y, si esto es así, los contribuyentes tenemos derecho a conocer toda la información con la cual está siendo tomada la decisión.