Fotos: Orlando Sifuentes
Acudimos al estudio-taller de esta familia saltillense de artistas, escultores, pintores y fotógrafos y conocimos un poco de sus procesos creativos, discursos y afán de exploración

De la taxidermia al arte conceptual la familia Fuentes ha estado inmiscuida de una u otra manera en el arte y vive de él. En su taller ubicado sobre el bulevar Valdés Sánchez se han producido tanto encargos monumentales como creaciones personales e íntimas y su emoción por traer al mundo sus ideas artísticas se mantiene tan fuerte como siempre.

Esta semana hicimos una visita de estudio al lugar, donde nos recibió Alejandro Fuentes Quezada, quien se encontraba resolviendo unos detalles sobre el montaje de una escultura de otro artista y cuya manufactura les fue comisionada, antes de acompañarnos a la oficina principal, donde su padre, Alejandro Fuentes Gil, creaba el molde para una nueva escultura.

Todos en la familia se han influenciado para darle giros a sus producciones y ahora, con la inclusión de su madre en la dinámica creativa, habrá que seguir al pendiente sobre lo próximo que harán.

Sobre el escritorio y en otros puntos del cuarto había decenas de pequeños modelos de cera parecidos a caracoles. Las piezas son de Avelina Quezada, por décadas siempre parte del proceso de producción y supervisora de calidad de las obras de su esposo pero nunca autora de su propio trabajo.

Con estos ejemplos experimentales, hechos directo con la cera caliente; juegos con su viscosidad y las formas resultado de ello, y teniendo en mente la reciente incursión de Alejandro Fuentes padre en el arte conceptual, la conversación partió de esta nueva faceta creativa de la pareja.

Este proceso comenzó cuando el comité encargado de avalar las piezas enviadas al programa de pago en especie del SAT cambió y bajo sus nuevos parámetros la obra figurativa de Fuentes Gil fue rechazada en más de una ocasión.

De acuerdo con Fuentes Quezada, la frustración de su padre era notoria, pues por décadas había presentado su habitual cuerpo de obra sin inconveniente alguno y ahora lo estaban obligando a cambiar su forma de crear. Por ello, en un arrebato, tomó un pequeño busto de un borrego cimarrón y lo estampó contra una placa de plastilina; el resultado fue una impresión de  los cuernos del animal que bajo la recomendación de su hijo conservó, vació en bronce y presentó al comité del SAT que en esta ocasión sí aceptó como pago.

Sumándose a su exploración artística fortuita llegó la voz de la curadora Olga Margarita Dávila, quien celebró la acción y la incluyó en la exposición “Abismarse” por el aniversario del Museo de Artes Gráficas: “Como un proceso paralelo se le detona a mi mamá un interés obsesivo”, comentó Fuentes Quezada justo cuando ella entró a la oficina, “y ha empezado a hacer una producción muy grande, tiene mesas repletas de estas obras”.

Ella nos contó que en el pasado había intentado en un par de ocasiones crear sus propias piezas, “pero hasta ahí había quedado, pero ahora me puse a hacer esto como un experimento” y el resultado son estas pequeñas esculturas retorcidas que en el flujo del líquido caliente imitan accidentalmente formas de la naturaleza.

Por mucho tiempo los hijos instaron al padre a experimentar fuera de la figuración y así lo hace ahora.

De ingeniero a escultor

Alejandro Fuentes Gil es hijo del reconocido taxidermista saltillense Pedro Fuentes—hijo a su vez de otro taxidermista, Erasmo Fuentes, educado en Francia en tal disciplina con apoyo de una beca del gobierno de Porfirio Díaz—. Su infancia y adolescencia la pasó en el taller de su padre, mirando la anatomía de los animales, observando el proceso de modelado para la estructura sobre la cual se montaría la piel y jugando e imitando estas figuras con plastilina.

A pesar de su habilidad innata y el interés temprano en el arte, estudió ingeniería industrial y hasta los ochenta, ya casado y con familia, se dedicó a laborar en empresas locales y como maestro de matemáticas, hasta que un día un amigo de su familia, quien recordó su habilidad como escultor, le comisionó la creación de un busto post-mortem. El resultado fue tan conmovedor para los parientes en luto que de boca en boca comenzaron a llegar más encargos y pronto decidió abandonar su profesión y dedicarse de lleno al arte.

Fuentes Gil nos contó cómo al principio mandaba los modelos a la CDMX para vaciarlos en bronce, hasta que su primo Erasmo Fuentes —también escultor y autor de la estatua del indio, el fraile y el español en la Plaza de la Nueva Tlaxcala— les vendió la maquinaria necesaria para hacerlo por su cuenta. En 1988 se mudaron al almacén donde han permanecido desde entonces. Él tenía 33 años.

A lo largo de más de 30 años de trayectoria Alejandro Fuentes Gil ha expuesto en México y el extranjero junto a José Luis Cuevas, Nishisawa, Raúl Anguiano y Juan Soriano, entre otros. Producto de esta visibilidad, el embajador de Italia, Sergio Cattani, le ofreció una beca para estudiar en Florencia.

Herederos del arte

Producto de esta relación sus hijos Alejandro, Avelina y Carolina estudiaron también en Italia y la segunda de los tres fue la primera en comenzar con una producción y discurso artístico que la ha llevado a exponer en Europa, donde actualmente vive.

Avelina, nos contó su familia, empezó su trayectoria como una pintora figurativa de técnica académica impecable. Les resultó difícil, de hecho, describir qué tan impresionante era su habilidad, pero todo esto cambió cuando decidió continuar su formación artística en La Sorbona, cuyas influencias la llevaron hacia el ámbito conceptual contemporáneo.

Y mientras que Carolina, fotógrafa, ha sido becaria del PECDA, además de que participó en la primera Feria de Arte Mexicano Accesible en Monterrey, Alejandro es quien más recientemente comenzó a desarrollar un discurso propio.

Como diseñador gráfico estudió y laboró en Canadá con la intención de formar parte del mundo de la post-producción en películas, comerciales, series y videojuegos, pero a principios de los 2000, estando en Saltillo, una importante comisión de su padre en la cual colaboró lo llevó a quedarse como parte del taller.

Durante casi 15 años se dedicó expresamente a apoyar en la producción de las piezas de su padre y fue hasta 2016 que dio vida al cuerpo de obra por el que actualmente se le conoce y que vio la luz en 2017, primero en Cozumel y a finales de ese año en la rectoría de la UAdeC en la capital coahuilense.

Ahora se prepara para presentar su escultura monumental “Murmullos desde el vacío” en el marco del Festival Internacional de las Artes Julio Torri en Parque Centro este 20 de octubre. El caso de la familia Fuentes es uno de colaboración y enriquecimiento mutuo.