Parecería que a Guillermo Anaya le ganó este pueril impulso Millenial de compartir con sus seguidores una foto de su almuerzo

Se reporta desde Japón (el país del WTF!), la historia de un hombre que habría muerto aplastado por el peso de su colección (su impresionante colección) de revistas pornográficas (porno asiático de gran calidad).

 Hay que ser cautelosos, no podemos otorgarle crédito gratuito a estas historias que muchas veces resultan ser bulos totales o, en el mejor de los casos, meras exageraciones.

Pero ello me llevó a reflexionar sobre otra de las muchas bendiciones de la era digital, en la que todo ese porno capaz de sepultar materialmente a una persona hasta su muerte, cabe fácilmente en una diminuta memoria USB.

Realmente no veo la necesidad de explicar cómo cargar el porno en el bolsillo es muchísimo más ventajoso que ser aplastado por éste hasta la asfixia (pero si a alguien no le queda suficientemente claro, escríbame a mi apartado postal adjuntando cinco dólares y reciba a vuelta de correo un esquema autografiado).

La informática y las cíber comunicaciones han mejorado notablemente nuestra calidad de vida desde la prehistoria (los años 80) a la fecha. Gracias a internet, hoy cualquier persona puede disfrutar de los videos más chistosos de gatos en una cantidad que antes habría sido impensable, compartir frases de Coelho, dar los buenos días y las buenas noches a todos, desearles bonito inicio de semana, de mes, de era astral (antes, vía telefónica, demorábamos días) y luego está la que yo considero la joya de la corona de las interacciones humanas on line: compartir fotos de lo que nos vamos a comer.

A veces el regocijo por lo que nos vamos a zampar (a engullir o a sorber) nos embarga de tal manera que tenemos que hacerlo extensivo a todo el mundo. Hasta yo lo he hecho alguna vez, lo que no significa que me parezca un gesto particularmente inteligente.

Ya lo único que les pido a mis amigos, cíber contactos y “facebucuates” que si creen que es de plano inevitable trepar a las redes una imagen de lo que se piensan tragar, por favor eviten los odiosos diminutivos en el comentario adjunto. ¡Se los suplico!

Verbi Gratia: “Viernecito de clamatos con mis BFF. Las quiero, amiguis”. “Pozolito en casa de la mejor suegra del mundo. Rico”. “Carnita asada time”. “Me voy a cenar este tamalito” (eso ya sonó a albur). “Puentecito con ceviche. Deli”.  ¡Por favor, no!

Parecería que al candidato por el PAN a la gubernatura coahuilense, Guillermo Anaya le ganó este pueril impulso Millenial de compartir con sus seguidores una foto de su almuerzo, para lograr algunas simpatías en forma de likes y una poca de interacción.

Desde su cuenta oficial de Twitter, Anaya Llamas publicó la foto de la suculencia del día, un plato de menudo con el siguiente mensaje: “¡Qué mejor que un riquísimo menudo rojo para un #viernes por la mañana! ¿Apoco (sic) no se ve bueno? #Menudo #Coahuila 11:31 3 mar 2017”.

Hasta allí todo bien, un anodino gesto de “buenaondez” y cercanía con el pueblo típico de quien anda en campaña. El ridículo llegó después, cuando se supo que la fotografía del plato de menudo no era original, sino una imagen de archivo sacada de algún lugar del cíber espacio.

El plato de menudo con el que los estrategas de Anaya buscaban hacer un clic entre su candidato y el barrio que llevamos los votantes en el ADN, a través de la identificación de un platillo entrañable, resultó ser falso como un saludo a huevo. ¡Menudo oso! El “Menudogate”.

¿Es esto grave? Grave no, revelador tal vez. ¡Vaya! Sabemos de antemano que las campañas electorales no son más que simulación y oropel: las fotos son retocadas, las sonrisas ensayadas, los discursos redactados por gente que sí piensa, etcétera. No es como que el menudo me haya revelado a Anaya como un político más mentiroso que el promedio, el problema es que su foto “googleada” no ayuda a distanciarlo del resto y de eso se trataba su campaña, o debería.

¿Es Anaya un villano perverso por querer hacerse el simpático y posicionarse con este fallido detalle populista? No, pero tampoco ayuda a que pensemos lo contrario.

Señor Anaya, si quiere enamorar a los votantes, le sugiero que en vez de estos gazapos de inexperto maneje mejor un discurso de compromisos en materia de justicia y persecución contra los perpetradores de la megadeuda.

Intente convencernos con un plan de reconstrucción económica para un Estado que por sus finanzas es zona de desastre. Un plan realista, que contemple (en lo posible) la recuperación de lo robado y el castigo a los responsables que todos identificamos perfectamente, aunque no han sido ni siquiera molestados.

Serias dudas pesan sobre la legitimidad de su candidatura señor, Memo, no solo porque se le percibió favorecido por la cúpula de su partido, sino porque se habla de complicidad con el Poder (para dejarse ganar o, en caso de una eventual victoria, dejar que los saqueadores de Coahuila salgan impunes). Estas nociones no las invento yo, corren de un lado a otro y sería oportuno fijar diariamente su postura en estos temas prioritarios. Ello sí le ganaría todo el voto razonado de Coahuila.

Y para la otra, dígale a sus asesores que le pregunten a cualquier ciudadano de a pie, con seguridad sabrá indicarles dónde sirven un buen menudo para la respectiva “foto pal’ Féis”, Twitter y demás redes sociales.