Ilustración: ESMIRNA BARRERA

Por: Mario Palomera*

Atrapado por el trance del ritual: el escriba inunda la punta con el pigmento, toma el papel, se sumerge en el fuego. Arrobado por el dolor, automáticamente, transcribe una visión. Elo, resplandece y está en el juego, Deos y Divus, El Adversario, el acusador de los hombres ante Dios, Diabellein, arrojado a través ?del día?. Apenas encontraremos un rincón que no contenga un trazo o una inscripción de nosotros. El diablo no es precisamente un ser con piernas, manos y cuernos, así nada más. Su encuentro se puede definir como otra cosa menos como un encuentro; es ante todo una sucesión de acontecimientos y personas que sólo se revelan para uno. Un mensaje que tendrás que atender aunque no quieras. 

II

De vez en cuando (el diablito) se acerca, luego sube (y baja, al mismo tiempo), lame las nubes (como brillantes espejos) que le recuerdan el sabor dulce y grato (la sensación agradable y ligera, como carbonatada) del fruto prohibido. Sonríe (y se desvanece). De buen humor planea por los cielos (con la amplitud de una ballena o de un mosquito), proyecta su sombra azul sobre estepas y bosques (el mar y los desiertos), sobre las caóticas ciudades (creadas por los hombres) o por aquellas antiguas y radicales construcciones (no humanas), que tanto le gustan (y han sobrevivido a pesar de su incipiente esplendor). Un lugar donde olvidarse (por un momento) de sus ridículos problemas.

III

En la antigua tribu Birú, situada al sur del África austral, se solía contar un mito en el que somos llevados al momento de la muerte, por unos breves instantes que parecen una eternidad, por un demonio. Este no representa otra cosa más que una especie de fuerza de la naturaleza que debe guiarte hacia la luz, al Paraíso, hacia el centro del cosmos, a Dios, la energía primordial o como quieras llamar a esto. Pero que en el camino intenta desviarte para que no encuentres nunca el destino y regreses. Otra tribu vecina afirma, simplemente, que eso es la vida hasta que mueres.


*Mario Palomera, diseñador gráfico

Bibliómano, pintor y escritor. Nació en Nogales, Sonora, en 1980; estudió Diseño de la Comunicación Gráfica en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Ha colaborado para diferentes periódicos en la Ciudad de México, entre otros medios, además de diseñando, como escritor, reportero, columnista de arte y libros, ilustrador e infografista o simplemente haciendo reseñas. Ocupa su tiempo perdiéndolo o en una afanosa lectura.