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Su trayectoria ha sido reconocida en distintas ocasiones por poner su nombre y el de Saltillo en alto.

El artista saltillense Eloy Cerecero llega hoy a las nueve décadas de vida. Eloy Cerecero es un emblemático pintor autodidacta, cuya trayectoria se remonta a su niñez cuando se dio cuenta de la habilidad que tenía para realizar diversos trabajos escolares.

Cerecero ha agradecido en diversas ocasiones a los maestros que tuvo de niño que lo impulsaran a desarrollar aquellas habilidades, pues gracias a eso se convirtió en el gran artista que es.

De 1954 a 1962 formó parte del Frente Nacional de Artes Plásticas de México, cuyo presidente fue el pintor Francisco Goitia y algunos de sus integrantes, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Javier Chávez Morado, entre otros.

Foto: Cortesía

Fue maestro y director de la Escuela de Artes Plásticas Rubén Herrera de la UAdeC y coordinador general de Difusión Cultural de la máxima casa de estudios del Estado y en 1994 fundó junto con su familia el Centro de Arte Contemporáneo.

En el 2016,  para reconocer su labor artística, la Secretaría de Cultura le rindió un homenaje, entregándole un reconocimiento y estímulo como creador emérito del programa PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico).

“Yo pienso que el dibujo es la base de todas las artes, todo artista debe iniciar con saber dibujar para poder desenvolverse en cualquier otra de las rama como la pintura, el diseño en computadora y la escultura”, declaró en aquella ocasión.

También gracias a su trabajo en el terreno del arte, que ha llevado el nombre de Saltillo a latitudes mundiales, en el 2017 el Comité Internacional de Ciudades Hermanas de Saltillo le entregó un reconocimiento.

En ese día, Cerecero Sandoval rememoró que su inicio en la pintura no fue por un hobby, sino por necesidad, así como por obligación personal de manifestar y expresar sus ideas.

Cuando este rotativo cumplió 41 años, Eloy Cerecero relató sobre su colaboración: “Me encargaba de hacer las portadas e ilustrar los artículos de interiores cada semana y esa es una etapa que yo agradezco mucho porque me dio la libertad para crear cada semana una idea, incluso llegó el punto en el que hacía hasta dos portadas por artículo. Así trabajé durante ocho años en el periódico".

Con casi siete décadas dedicadas a experimentar dentro del mundo de la pintura. Cerecero llegó con lucidez a la vejez. Esa etapa temida que a veces afecta, como al resto de los humanos, a los artistas. Pero no necesariamente conlleva una merma de facultades. Para ellos, el otoño de la vida es también el tiempo en que la experiencia y el afán experimentador les llevan a producir sus mejores obras.

En agosto de este año, cuando su hija Adriana Cerecero inauguró la Casa Calviá, comentó para Vanguardia, “hay mucho qué hacer, yo tengo 90 años, tengo 65 años de pintar y quisiera seguir pintando todavía más”.