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A la edad de 33 años el monclovense dejó de existir luego de sufrir durante los últimos tiempos tras los estragos de este tumor que nunca desistió

Alfonso “Poncho” Ochoa de Hoyos fue un joven carismático, extrovertido, rodeado de numerosas amistades, lamentablemente el cáncer cerebral que le detectaron hace dos años y medio, el día de ayer le arrebató la vida.

A la edad de 33 años el monclovense dejó de existir luego de sufrir durante los últimos tiempos tras los estragos de este tumor que nunca desistió.
Sus familiares habían decidido no permitir más visitas en el Hospital San José, de Nuevo León, donde se encontraba internado desde el mes de octubre, luchando por ganarle a la terrible enfermedad.

Desde que inició 2019 se mantuvo completamente inconsciente, pero había una esperanza de que se recuperara, esa misma que creó él mismo ante todos los que siempre le rodearon.
 

 

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TODO COMENZÓ CON UN DOLOR DE CABEZA

Durante un viaje a Monclova, su ciudad natal, Poncho tenía como objetivo acudir con empresarios a presentarles un nuevo proyecto de software que había desarrollado él mismo, con el cual buscaba abrir su propia empresa.

En el trayecto, se quejaba y no fue hasta que se desvaneció cuando comenzó su preocupación. Un mes mas tarde, afirmaron galenos, era un tumor en la cabeza, maligno, había pocas posibilidades de vencerlo. Se sometió de inmediato a una cirugía y los médicos quedaron sorprendidos con su recuperación. Su actitud siempre positiva, nunca cambió, su vida parecía normal.

REGRESA EL MAL CON MÁS FUERZA

Al ser un amante de los viajes, comenzó de nuevo con su vida, se reincorporó a su trabajo después de meses y cuando menos lo esperaba, regresó ese padecimiento con más fuerza que en la primera ocasión.

Aun y cuando había sido extraído el tumor por completo, renació, causándole aun mas daño a su salud, pese a ello, su frase era “voy a vivir, tengo muchas cosas por hacer, no hay que estar tristes”.

Lamentablemente le informaron que la situación era aun más complicada, el tumor era el doble de tamaño que el primero que fue tratado y del que pensaban los especialistas se habían librado.

No había opción más que otra cirugía. Para la intervención programada para septiembre del año anterior, las medidas fueron más fuertes, se tuvo que cortar parte del hueso del cráneo de Poncho para eliminar el tumor maligno que estaba adherido.

Fue entonces cuando ingresó al quirófano de nueva cuenta, con optimismo, dijo a sus padres y amigos cuánto los quería, pero pidió ser confesado, pues tenía conocimiento del riesgo que venía en la intervención.

El animo cayó por los suelos después. Y es que vino una infección en medio de la recuperación, el látex sobre su cráneo no tuvo una reacción favorable: se desató lo peor.

Esta situación lo mantuvo hasta el día de ayer hospitalizado, pero su semblante fue decayendo. El cuerpo de Poncho, el joven que luchó por convertirse en un economista y logró adentrarse en la política, aquel viajero, que siempre reía, conocía gente y disfrutaba al máximo de la vida, fue velado ayer en Saltillo, ciudad que le vió crecer y llegar al éxito. Amigos y familiares le dieron el último adiós, llenos de tristeza, pero también de tranquilidad porque el sufrimiento ya no existe más para Poncho.