Era un perro salchicha, lo adoptamos cuando era cachorro, fue amor a primera vista. Sus patitas traviesas, no dejaba de mover su colita, su mirada dulce se quedó en mí y su corazoncito me aceptó a mí y a mi familia incondicionalmente. Lo amaba y sé que él nos correspondía de una manera extraordinaria. Sentía que su mirada decía mucho. ¡Ay como lo extraño!

Fue creciendo y creciendo y así también yo con él. Creamos un lazo maravilloso que nadie podía romper.

Hubieron momentos muy difíciles pero mi perro me ayudaba a calmas mi dolor con solo su presencia, lamía mi mano, escarbaba en mi mirada hasta hacerme sentir bien.. Tan solo eso bastaba para saber que me amaba.

Pasaban los años y su cadera empezó a ‘caerse’, se orinaba y sus fuerzas disminuían, pero su colita nunca dejó de moverse, su mirada pura y bondadosa seguía intacta.

Mis papás decían “tenemos que prepararnos para su muerte”, yo no pude.

Los días empeoraron, estaba peor que nunca. Le creció un tumor en su rostro y algo le dolía, fue horrible. Me dolía verlo así, me dolía su dolor. Sentía cuchillos en mi corazón.

No podíamos dejarlo que muriera así.. así que decidimos darle eutanasia. Lo llevamos al veterinario, con dolor de mi alma lo dejamos en manos del veterinario. Lo extraño mucho, tiene algún consejo.

En Duelo

Estimada En Duelo:

A veces los distintos miembros de la familia necesitan periodos de tiempo diferentes para superar la pérdida. Una persona se puede sentir preparada para tener una nueva mascota desde el principio, pero otra puede tardar más tiempo. Tómate el tiempo que necesites para superar el duelo y respeta este proceso en los demás miembros de tu familia.

Escribir tus sentimientos puede ayudarte a atravesar este momento. Nunca olvidarás a tu mascota, pero con el tiempo será más llevadero.

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