Iglesia en Jojutla, Morelos. Foto: Especial
...el momento más atroz fue ver la iglesia donde fue bautizado completamente destruida y la noticia de que una mujer falleció mientras oraba, quería tener omnipresencia, ayudar en todas partes...

CDMX.- “No pensé en nada, ni en mí ni en nadie. Sólo corrí por las escaleras y dejé todo atrás.” Recuerda José David Camaño Galván, estudiante del ITAM y originario de Axochiapan, epicentro del sismo del 19 de septiembre.

“Contesten por favor, contesten” escribía en el grupo de Whatsapp de su familia, apretando el celular tan fuerte como la esperanza de que estuvieran bien. 

Lo que quedaba de tranquilidad  se diluyó cuando vio en la televisión que el epicentro había sido en su ciudad natal: Axochiapan, un pueblo pintoresco y pequeño de Morelos. 

Las explosiones de los transformadores , los gritos y el olor a escombros a su alrededor no eran tan fuertes como su dolor. 
Pensó en su mamá, quien es secretaria de una iglesia que terminó de construirse en 1700, su hermana que iba de regreso a la iglesia, toda la gente, las casas.

David sabía que esos edificios apenas pueden mantenerse en pie con el apoyo de INAH, que el sismo seguramente arrasó su terruño. De la CDMX a casa en carro hace cuatro horas o siete como máximo. 

Pensó en correr esa distancia, porque la duda lo tenía sin paz. Pero sus amigos lo apoyaron y entendió que no podría hacer nada. Volcó su corazón en el prójimo y organizó centros de acopio y con la fuerza de sus conocidos -“Incluso una amiga me ofreció un camión para llenarlo de víveres”; decidió hacer lo más prudente y recorrer la ciudad apoyando en refugios y compartiendo medicamentos y herramientas. 

El momento más atroz fue ver la iglesia donde fue bautizado completamente destruida y la noticia de que una mujer falleció mientras oraba, quería tener omnipresencia, ayudar en todas partes.

Al final recibió la llamada de una tía de Estados Unidos, en azares de la vida, mejor ella pudo comunicarse con sus padres. Nunca olvidará esas palabras “todos están vivos”.  

LO SALVÓ LA SOLIDARIDAD

A días de la tragedia “todavía no sé si tengo casa, mis papás están durmiendo con familiares”. 

La voz se le quiebra pero sigue adelante. Pide a quien esto lea, que la ayuda no sea sólo estos días, sino constante. 

No quieren sentirse solos en esta tragedia que no se supera en un día o dos. 

“Ya no hay casas, ni iglesias, ni hospital, pero tenemos manos y necesitamos amigos. 

“Por favor, no nos dejen solos”. 

David manda un mensaje a toda la gente de su ciudad natal, pide que “no pierdan la calma y apoyen preferentemente de manera económica a organizaciones confiables y que acudan a los llamados de información que no tengan menos de cuatro horas”.