Comentaba en mi colaboración anterior sobre la interpretación que le dan seis sabios ciegos a un elefante, y la interpretación que se da en las redes a la actuación del Presidente de la República. Ahora me quiero referir al comportamiento que tiene un elefante de circo y la actitud que tienen muchos mexicanos con respecto al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Tanto el elefante de circo como los mexicanos a los que me refiero han adquirido una “impronta institucional” que ha dejado una “marca o huella en su vida y su comportamiento a lo largo del tiempo”. El elefante ha estado atado a una estaca desde muy pequeño, y después de haber intentado liberarse en diversas ocasiones acaba creyendo que “no puede hacerlo”. Él no aprecia su crecimiento y el incremento de fuerza que ha tenido, que es más que suficiente para arrancar una pequeña estaca, sino que sigue creyendo que no tiene fuerza ni recursos para cambiar su condición de vida. Igualmente muchos mexicanos se han acostumbrado a aceptar la corrupción estructural, el cinismo político, la minería tóxica, las privatizaciones del petróleo y del agua, una vinculación impropia entre política y negocios, acciones de corrupción que ha sido un derrotero oscuro en gobiernos de las últimas décadas, la ilegal actuación de funcionarios, el enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, negocios impropios que violentaban la ética pública, la realidad destapada de los financiamientos legales e ilegales a políticos, incluyendo a gobernadores y presidentes de la República; el maquillaje a la Constitución Política y el secretismo, que permitieron la consolidación de un modelo de capitalismo salvaje, depredador, extractivo, leonino para el Estado y los ciudadanos, quienes hemos tenido que sufrir el deterioro de la calidad de vida como víctimas permanentes de los abusos que con impunidad han ejercido los grupos de poder. Les parecía que ésa era la forma de vida que les había tocado vivir.

La percepción no es totalmente errada. En determinado momento es un juicio basado en la evidencia de muchos años, pero que no debería continuar por el resto de la vida. Hay que entender que ésta conlleva cambios, como un río, que nunca lleva la misma agua.

En el año en que ha gobernado el presidente López Obrador se ha abierto la caja de Pandora y han brotado los vicios del viejo régimen que tenían emprontados a muchos. Entonces las opiniones o creencias inculcadas, empezaron a cambiar a partir de nuevas experiencias; de nuevas libertades, dependiendo de la cultura a la que pertenezcamos y del contexto histórico-político-económico en el que nos hemos desarrollado como individuos. Estas creencias se interiorizan y, a menudo no son puestas en duda, sino que funcionan como automatismos.

Debemos esforzarnos en ser críticos de nuestras creencias más arraigadas, nuestras representaciones de la realidad que pueden entorpecer nuestro crecimiento como personas y nuestro camino hacia una mayor felicidad o bienestar. Y sobre todo, no debemos amedrentarnos ante el mundo que se abre frente a nosotros cuando nos liberamos de nuestras estacas, de nuestras creencias irracionales. Debemos dejar de tenerle miedo al cambio de perder privilegios, a la soledad, a la angustia que provoca la incertidumbre.

¿Qué está bien y qué no lo está?, ¿qué es lo correcto y qué no?, ¿qué tiene valor y qué no?, ¿será que estábamos mejor cuando estábamos peor? Debemos tener en cuenta que todos poseemos una capacidad de pensamiento crítico, el que hagamos uso de ella depende de nosotros. Es difícil, pero no imposible. No existe un único guion vital al que nos encontremos definitivamente ligados, la vida cambia, ningún día es exactamente igual al anterior, y en ocasiones nuestra vida da un giro inesperado y debemos readaptar nuestro guion de vida, nuestras creencias, nuestros esquemas cognitivos a esa nueva realidad, en lugar de tratar de enfrentarla sin cambiar, sino lo que conseguiremos es frustración, angustia, tristeza y parálisis, lo que condicionará no sólo nuestro presente sino también nuestro futuro.

El elefante, una vez liberado de su estaca se verá obligado a olvidar muchos de los números acrobáticos (creencias irracionales) que le enseñaron, porque ya no le serán de utilidad en su nueva vida, y deberá buscar dentro de sí los recursos de los que dispone y nunca supo de ellos; aprender nuevos y, muy probablemente, buscar la colaboración de otros iguales que le muestren la “otra” vida y construir la suya propia, una vida íntimamente suya.

Ahora que se nos presenta un cambio de régimen hay que atreverse a cambiar nuestra imagen negativa, para comprobar que lo que se nos ofrece funciona y que marca una gran diferencia en nuestras vidas. Procuremos ver sus virtudes, cualidades o talentos. Fortalezcamos una imagen positiva. Si lo creemos, funcionará. Porque el poder de nuestras creencias influye directamente en la realidad que construimos.

rodolfogarzag630@gmail.com