Coahuila es el tercer estado del País con la mayor cantidad de carpetas abiertas por el delito de narcomenudeo, con 5 mil 661 expedientes hasta agosto de este año, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Baja California y Guanajuato ocupan los dos primeros lugares.

En la semana el fiscal del estado, Gerardo Márquez, pidió que el tema se viera desde el punto de vista del vaso lleno y no medio lleno, porque cada carpeta de investigación obedece a una detención.

Y sí, hay que ver el vaso desde distintas ópticas. No necesariamente positivas.

¿Qué representa esa explicación del número de carpetas por el delito de narcomenudeo? Que cada día se detienen en promedio entre 23 y 24 narcomenudistas. Prácticamente uno cada hora. Y dicha cifra desprende a su vez otros ángulos: que se está haciendo trabajo de detención y combate o que hay un frágil sistema de justicia que no conduce a una persona detenida a una sanción penal, o que las salidas alternas del sistema de justicia no están logrando su objetivo, pues las medidas precautorias como enviar al detenido a un centro de rehabilitación no están funcionando, o que la demanda y consumo de droga por parte de la población sigue incrementándose, lo que significa el fracaso de las políticas públicas para la atención del problema desde el punto de vista de salud, o que el trasiego de droga por el estado está encontrando puntos de venta. Total, que sí, son varias visiones del vaso; lleno, medio lleno y vacío.

Si se suma la cantidad de detenidos (carpetas) hasta agosto con la de todo el año pasado (6 mil 490), suman 12 mil 151. Hablar de 12 mil 151 detenciones de narcomenudistas es un universo bastante amplio, lo que refleja –allí está otra visión– la reincidencia de los detenidos y por ende el fracaso en el seguimiento y atención al problema.

¿Cuál es la relación del menudeo de droga con un narcotráfico a gran escala? En la edición del 5 de octubre de esta columna, traté el tema del sigiloso aumento en delitos federales contra la salud en la entidad, principalmente el de producción y posesión. Ambos delitos federales están estrechamente conectados con un menudeo de droga.

En Coahuila hay mercado, lo sabemos. Es evidente. Los centros para atención de adicciones, los anexos o los centros de integración juvenil, refieren aumentos en el consumo de droga, disminución en las edades de inicio y una problemática que arrecia en consumo particular de cristal.

Sin embargo, la estrategia para atender el problema se encuentra –dicho sea de paso como en todo el país– sin pies ni cabeza. La detención de narcomenudistas cumple con una función, pero no va a la raíz del problema. Mientras haya demanda, habrá oferta.

AL TIRO

Un estudio piloto que midió el consumo de sustancias ilícitas en aguas residuales de 20 ciudades del País encontró a Torreón como una de las tres urbes con más alto consumo de drogas ilegales, junto a Culiacán y Nuevo Laredo.

El estudio estuvo a cargo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), la Comisión Nacional contra las Adicciones, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Guadalajara y la empresa Investigación, Ciencia y Tecnología Internacional.

La forma de medir la presencia de sustancias ilícitas en las aguas residuales fue mediante la cuantificación de nueve metabolitos de drogas: mariguana, cocaína, anfetamina, metanfetamina, éxtasis y heroína. Los metabolitos son los rastros de los compuestos químicos que procesa la persona a través de la orina y las heces. En otras palabras, el drenaje fue utilizado por los investigadores como una gran vasija de orina. A la ciudad le hicieron un antidoping y Torreón salió con el nivel más alto de consumo de mariguana con 33 mil 360 miligramos por día por cada mil habitantes. También se encontró 383 miligramos de metanfetamina por día por cada mil habitantes (tercer lugar) y de cocaína 273 miligramos por día por cada mil habitantes.

La muestra –aclaramos– fue de finales de 2015 y tardó más de tres años en investigarse y verificarse en laboratorio. Sin embargo, refleja que al menos desde 2015 ya se presentaba un consumo de metanfetaminas, fenómeno que en 2016 comenzó a alertar el Centro de Integración Juvenil de Torreón. Nadie hizo –y sigue sin hacer– caso.

En la semana reprochamos el operativo fallido en Culiacán, cuyo propósito era la detención del hijo de Joaquín Guzmán Loera. El objetivo era el mismo de siempre: descabezar un cártel de la droga sin atacar el problema de raíz.

En Coahuila se detienen más vendedores de droga que ladrones de autos, pero el fenómeno se convertirá en un cuento de nunca acabar si no se atiende el problema de fondo, como hubiera sido la detención del hijo del Chapo Guzmán.