La pandemia sigue desnudando a los líderes políticos, a los gobernantes y a sus gobiernos. Exhibe sus vulnerabilidades y fortalezas. Aquí ha hecho evidentes la opacidad, los zigzagueos e incertezas del gobierno federal, al permitir que el ambiente nacional se llene de rumores sobre el origen, fechas de llegada y disponibilidad real de vacunas para proteger a 126 millones de personas. Y así lo muestra incluso el vacío de información creado sobre el estado de salud del presidente.

Colocado en tercer lugar mundial en número de fallecimientos, México está arriba de la India, país con más de 1 mil 300 millones de habitantes. Tan sólo este enero tuvimos 32 mil 732 muertes oficialmente reconocidas por COVID-19, esto es, el 20 por ciento del total de fallecimientos ocurridos en once meses de padecer la pandemia.

Ante las dudas públicas acerca de la eficacia de la vacuna rusa Sputnik y pruebas aún pendientes a ese producto, nos enteramos que el gobierno está en negociaciones para adquirir vacunas chinas. Antes se habló de europeas o norteamericanas. La vaguedad y ligereza en este asunto rozan la negligencia criminal. La esperanza es que las decisiones del Comité de Nuevas Moléculas —que deberá pronunciarse sobre la eficacia e inocuidad de la Sputnik y otros desarrollos—, sean resoluciones científicas, independientes de los manejos de la 4T.

En medio de rumores sobre su contagio, el Presidente agradece las expresiones para recuperar la salud. Entre tibores chinos, lámparas de cristal cortado, marquetería pulida a espejo que haría aparecer a Los Pinos casi como departamento del Infonavit, su video carece de expresión alguna hacia quienes pudieron haberse contagiado en sus recientes reuniones y viajes. Cero mensaje a las familias de quienes no encontraron un hospital dónde atenderse y fallecieron en sus domicilios, en ambulancias o incluso en la calle.

La secretaria de Gobernación y López-Gatell se empeñan en afirmar que la salud del Presidente —quien expresó hace dos años su no pertenencia a sí mismo— es asunto  privado. De la interpretación del artículo 85 constitucional, parece clara la obligación de informar y demostrar que se encuentra en condiciones de ejercer la gobernabilidad que le corresponde al Poder Ejecutivo. Es insostenible afirmar que se trata de datos privados de particulares en “poder de terceros”. 

Los artículos 6 y 15 constitucionales, relacionados con el derecho a la información son también, a mi juicio, la base legal de la obligación de informar con toda transparencia el estado de salud de los presidentes de México. Recordemos que los tres antecesores del actual fueron sujetos a intervenciones médicas y tuvieron que informar los motivos, alcances y condiciones resultantes de salud.

Como candidato en 2012, el hoy presidente utilizó al IFAI (actual INAI) como un arma política para exhibir los viajes de Peña Nieto al extranjero. Hoy encabeza uno de los gobiernos más opacos de la historia. Los contratos públicos adjudicados de manera directa, la reciente declaración de secrecía sobre los acuerdos con las proveedoras de vacunas, la escasez de medicina que azota al país, se suman a su denodado intento por desaparecer al INAI, un molesto obstáculo en el camino para acaparar y centralizar todo el poder público.

Este 21 será de historias multiplicadas en las que el Congreso de la Unión seguirá colocado ante un formidable reto histórico: demostrar que realmente representa al pueblo o ahondar las evidencias de un comportamiento sumiso como empleado del ejecutivo.

Ignacio Morales Lechuga
OPINIÓN INVITADA