Hace 92 años, México y Estados Unidos llegaron a un entendimiento para evitar la guerra. Donald Trump torpedea ese acuerdo tácito. ¿Ha sido adecuada la respuesta mexicana?  

La Constitución de 1917 concedió la propiedad del subsuelo a la nación y eso afectaba a petroleras y mineras estadounidenses. Un sector proponía el uso de las armas. El presidente Calvin Coolidge envió en 1927, como embajador, a un banquero de Wall Street, Dwight W. Morrow, quien llegó con instrucciones de “mantener a Estados Unidos fuera de una guerra con México”. Como el presidente Plutarco Elías Calles tampoco la quería, llegaron a un entendimiento pragmático que funcionó durante casi un siglo. 

El entendimiento consiste en un compromiso tácito de apoyarse mutuamente. México respetaría los intereses estadounidenses y los apoyaría en momentos críticos; Washington toleraría el experimento revolucionario y respaldaría al régimen en tiempos de dificultad. Dejaron un margen para el desacuerdo. 

Funcionó bien para las élites de ambos países. Estados Unidos gozó durante décadas de una frontera segura y México adquirió un seguro que prolongó la vida de un régimen que la corrupción fue despedazando. ¿Ejemplos? La Segunda Guerra y la iniciativa de Bill Clinton, que en 1995 armó un paquete multimillonario para salvar las finanzas mexicanas del llamado “error de diciembre”. 

El entendimiento se institucionalizó con el Tratado de Libre Comercio y se quedó corto ante los carteles y la migración. Trump entendió la magnitud de la erosión —y la fuerza del sentimiento antimexicano— y empezó a utilizarlos para su beneficio. México resultó ser un objeto cómodo, porque acepta jugar el papel del vasallo que responde con silencios al desdén y el desprecio. 

Esta columna aparece horas antes de que se inicie la cumbre de Washington entre Marcelo Ebrard, Mike Pompeo y Jared Kushner. Al parecer, México cederá y modificará su política migratoria, a cambio de lo cual, Trump cancelará o pospondrá los aranceles y permitirá que se cuiden en algo las formas, para salvaguardar un poco la vapuleada dignidad mexicana. El mérito principal de este posible desenlace, corresponde a los sectores estadounidenses afectados por los aranceles. 

El incidente mostró las carencias conceptuales y la falta de información confiable del gobierno mexicano. No han mostrado un plan integral para asociar nuestra situación con los grandes problemas mundiales. En el entorno más inmediato, fue evidente la falta de visión estratégica sobre Estados Unidos. Tomemos los dos textos enviados por el presidente, a propósito de los aranceles. La primera carta tuvo un buen equilibrio entre prudencia y firmeza. El memorándum desde Paraíso, Tabasco fue lamentable, por la reiteración en el deseo de ser “amigos” de Trump y de los Estados Unidos.  

Los dos textos evidenciaron desconcierto e improvisación. El primero de junio, el New York Times publicó un reportaje de Ana Swanson, Maggie Haberman y Alan Rappeport, sobre el debate al interior del gobierno de Trump, en cuanto a la imposición de aranceles a México. Aseguran que la discusión tenía “varias semanas”. Por tanto, ni la Cancillería, ni la embajada, ni los servicios de inteligencia, fueron capaces de anticipar una amenaza tan grave a nuestra seguridad. 

El fallo podría deberse, a la negativa de nuestros servicios de inteligencia de incluir a algunos actores estadounidenses en la agenda de riesgos a la seguridad nacional mexicana. Se acostumbraron a ser dependientes de las agencias de inteligencia de Estados Unidos y el resultado es un empobrecimiento sistémico en la calidad de la inteligencia tras las políticas hacia Estados Unidos. Espero que algunos senadores abanderen una revisión a fondo de esa deficiencia estructural.

Aun cuando superemos el incidente de los aranceles, seguirán las dificultades porque, reconozcámoslo, los carteles y la migración están fuera de control. En el trasfondo, está la necesidad de meter los entendimientos informales en instituciones bien reguladas. Para lograrlo, ayudaría que el actual gobierno hiciera una autocrítica y aceptara la pobreza de su reacción, atribuible a la falta de una visión integral sobre las relaciones entre México y Estados Unidos. Les ha sobrado prudencia, les ha faltado inteligencia.  


Sergio Aguayo
OPINIÓN INVITADA

@sergioaguayo

Colaboró: 
Iván Edai Espinosa Russi