En 1999, poco antes de los comicios que significaron la alternancia en México, se estrenó la película “La Ley de Herodes”; sátira política ambientada en 1949 que se alzó con 11 premios Ariel y fue el primer largometraje de la trilogía a través de la cual el productor y director Luis Estrada se dio a la tarea de criticar ácidamente al gobierno; le siguieron “Un Mundo Maravilloso” (2006) y “La Dictadura Perfecta” (2014). Si algo mostraron las piezas cinematográficas de Estrada es que los discursos de los gobernantes no siempre son verdaderos ejercicios de rendición de cuentas, sino promoción de imagen; a veces incluso, un juego de negación o rectificación de propósitos como parte del complejo entramado de la política contemporánea.

Sin que la narrativa haya variado en lo absoluto, ayer el Presidente de los mexicanos rindió su segundo informe, que en realidad debió ser el séptimo conforme sus propias cuentas. Para dar fe de las resultas de la gestión que encabeza, el titular del ejecutivo acudió a sitios comunes y ampliamente conocidos: primero los pobres, honestidad valiente, combate a la corrupción e impunidad y desarrollo basado en el bienestar; por supuesto, todo ello aderezado con las ya clásicas acusaciones a las administraciones del pasado.

¿Qué fue de aquella profunda transformación ofrecida en una larguísima campaña y refrendada en el emblemático discurso del 1 de diciembre de 2018 en el Zócalo capitalino?

Sin sucumbir a filias o fobias, debemos practicar un balance objetivo sobre el desempeño gubernamental y traer a cuenta los “otros datos”; esos que por dolorosos suelen esconderse tras una mentira por omisión.

Pese a todo, el Presidente goza de la aprobación popular... El binomio de hartazgo y esperanza que lo llevó al poder es alimentado cada mañana"

Hace unos días, el Inegi publicó que el PIB mexicano se contrajo 18.7 por ciento en el segundo trimestre de este año, lo que representa el peor desplome económico en la historia. Para ponerlo en contexto, en 2009, cuando el País sufrió la afectación de la crisis mundial y los efectos de la influenza AH1N1, la caída fue del 7.7 por ciento; saque usted sus cuentas, amable y única lectora. Además, esta es la quinta contracción trimestral consecutiva. En el actual régimen la economía sólo creció en el periodo de enero a marzo de 2019, con un 0.07 por ciento a tasa anual (sí, mamá, ¡hay un cero después del punto!).

En materia de empleo el panorama es igualmente desalentador. Durante todo el 2019 se crearon apenas 342 mil nuevos puestos de trabajo, 48.24 por ciento menos que el año previo; los mismos se esfumaron en el primer mes de la pandemia. A la fecha, se han perdido casi un millón 200 mil empleos formales y, de acuerdo a la calificadora HR Ratings, 12 millones de espacios informales también desaparecieron.

Según el Coneval, la pobreza laboral pasó del 35.7 al 54.9 por ciento. Hoy, casi 70 millones de mexicanos no cuentan con ingresos suficientes para adquirir una canasta básica.

Como era de esperarse, el consumo se ha deteriorado a niveles alarmantes por lo que el ingreso del gobierno derivado de la recaudación del IVA disminuyó 19.5 por ciento, lo que representa el mayor retroceso desde el 2009. Por si fuera poco, la inversión extranjera directa mostró un significativo decremento, hecho que no ocurría desde hace seis años.

Como si el horno estuviera para bollos, debemos recordar que el 2019 fue el año más violento del cual se tenga memoria, con más de 34 mil homicidios dolosos registrados, mientras que el actual pinta para alcanzarlo, pues a la fecha ya se contabilizan 24 mil decesos así calificados.

Aquí en confianza, pese a todo, el Presidente goza de la aprobación popular. La fórmula parece sencilla: con flamígero índice, el mandatario señala, acusa, sentencia y castiga las formas que le son adversas. El binomio de hartazgo y esperanza que lo llevó al poder es alimentado cada mañana a través de la polarización y el encono, al tiempo que se niega profusamente cualquier dato que ponga en tela de duda la actuación del líder. Teniendo como brújula la moral kantiana –a decir de los politólogos franceses Yves Roucaute y Denis Jeambar en su libro “Elogio de la Traición”– el gobernante miente por obligación cuando la promesa no puede ser cumplida.

Pero que nada nos turbe, pues como indicó con afinado tino el florentino Maquiavelo: “Sea pues el objetivo del príncipe conquistar y mantener al Estado. Todos consideraran los medios honorables y dignos de alabanza, porque el vulgo no juzga por lo que ve y por lo que sucede; ahora, en este mundo sólo cuenta el vulgo, y el pequeño número no cuenta para nada cuando el gran número encuentra un punto de apoyo”. Ahí se los dejo para la reflexión.

 @Ivo_Garza